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El Valencia sucumbe ante el frenesí del Real Madrid y el récord de asistencias de Campazzo

El Valencia sucumbe ante el frenesí del Real Madrid y el récord de asistencias de Campazzo

Cuando el Real Madrid se gusta, cuando hace del ataque una sinfonía, cuando el triple es su mejor aliado, hay pocos rivales que puedan sostenerle la mirada. Lo intentó un Valencia esforzado, pero incapaz fue de aguantar el ritmo ofensivo diabólico de los blancos. Son ya siete triunfos de carrerilla en la Euroliga para mirar al resto desde lo más alto, en buena parte por las 17 asistencias de Campazzo, pero también por los 18 puntos de Randolph, las rachas de Carroll, Causeur, Thompkins... [111-99: Narración y estadísticas]

Fue un martillo pilón el Madrid, desde el amanecer con el pelo suelto hasta el desenlace en el que Thompkins firmó su esperada redención. Fue una constante lluvia de triples (espectacular 17 de 29) ante un Valencia que respondía en la medida de sus posibilidades, haciendo la goma con pundonor. Anotó en el WiZink 99 puntos y, sin embargo, no hubo ni un instante en el que sintiera cerca el triunfo.

No echó de menos a Llull, ni la gripe de Rudy resultó un drama. El Palacio sigue siendo inexpugnable y los 67 puntos del domingo en Zaragoza fueron un acicate. Si la semana después de perder en Bilbao fallando 30 triples le hizo 104 y 97 puntos a Khimki y CSKA respectivamente, ésta zarandeó con 111 al Valencia. Si alguien tuvo que ver en casi todo, ese fue Facundo Campazzo que repartió 17 pases de canasta, la tercera mejor marca de la historia de la Euroliga y récord para un jugador del Madrid en la competición.

El partido empezó como si no importara, todos felices en el WiZink en el pimpampum. Sobre todo Anthony Randolph, en uno de sus habituales amaneceres estruendosos. Por un momento, hasta se olvidaron ambos púgiles de cometer faltas. En siete minutos, nueve de 12 triples entre Madrid y un Valencia que no se arredraba, como un tiroteo en el far west. Aunque ante semejantes festivales ofensivos, los entrenadores no tardan en torcer el gesto.

Laso gritó en un tiempo muerto y el Madrid se puso firme cual soldado disciplinado. Sólo concedió 16 puntos en el segundo acto, aunque su ventaja, que llegó a ser amenazante (53-45), aún fue endeble al descanso. El Valencia, que ganó cuatro de sus últimos seis partidos en Euroliga en su particular renacer, que la pasada semana cayó con un triple en el último segundo en Belgrado, estaba bien vivo gracias a sus hombres interiores, primero Dubljevic, después Mike Tobey, que hizo sangre ante un Jordan Mickey que por un momento no se enteraba de casi nada.

Pero el nivel defensivo blanco ya estaba en modo Euroliga y así es complicado para cualquiera. El Valencia intentó mantenerse en pie en el Palacio, pese a las siete asistencias casi consecutivas con la que Campazzo les aguardó tras el descanso, pese a dos triples como puñaladas del eterno Carroll, uno sobre la bocina y el otro en el primera jugada del último cuarto, cuando ya el Madrid despegaba del todo (87-70). El mormón, como tantas otras veces, cambió el partido en un pestañeo (un 10-0 en minuto y medio). Cuando se quiso dar cuenta, el Valencia, que venía sin saltarse un renglón toda la noche, tenía una losa encima.

Loyd apareció demasiado tarde y la exhibición de Dubljevic y Tobey fue en vano. Todo amor propio, los de Ponsarnau intentaron un último arreón, pero otra ráfaga de triples (tres de ellos de Thompkins), lo hicieron imposible. Así fue toda la noche en el Palacio. Un quiero y no puedo ante el acierto y el apetito blanco.