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El Sevilla sobrevive al cansancio en Cádiz

El Sevilla sobrevive al cansancio en Cádiz

El Cádiz jabeaba, esquivaba, desgastaba a un rival teóricamente superior. El intercambio de golpes era una locura para los de Cervera, por eso plantearon un partido largo, intenso, con insidia. Buscando las secuelas europeas, los kilómetros de más, el desorden. La presión entusiasta del Cádiz incomodó a un Sevilla que pretendía jugar pausado, oxigenarse, dosificar las fuerzas.

Dos buenas respuestas de Bono y algo de barullo en la finalización cadista evitaron que los locales se adelantaran. Pombo lideraba a un equipo parapetado, bien organizado, un bloque que latía al unísono. Negredo abría huecos y la segunda línea pisaba el área visitante con peligro. Enfrente, el Sevilla se abandonaba a la magia de Ocampos y a la verticalidad de Suso, muy activo durante la primera mitad, pero incapaz de entenderse con En-Nesyri. El marroquí se mostraba desmañado, abúlico, como si aún cayera sobre sus hombros el peso de la culpa.

Lopetegui le había dado la titularidad, pese a que la defensa de Cervera pide a gritos un punta más estático, como De Jong, y no un delantero con necesidad de espacios como el ariete africano. La vanguardia nervionense chocaba una y otra vez contra los de amarillo, sin cintura ni intimidación. Un tiro de Óliver Torres en el minuto 28, tras un pase bombeado de Ocampos y un fallo descomunal de Rakitic, que solo y sin marca dentro del área remató blandamente y desviado, fueron las únicas ocasiones destacables de los nervionenses en la primera parte.

Tras el descanso, el Cádiz arrancó el fruto de su fútbol concentrado e impertinente. Pombo la metió en el área pequeña, Negredo domesticó el balón y de cabeza cedió a Salvi Sánchez, que con una volea consumó el gol. Apenas unos minutos después, cerca estuvo Negredo de batir a Bono con una plástica rabona que el meta palmeó exigido. Se deshacía el Sevilla, se hacía gigante el Cádiz, envalentonado tras su merecido premio. Lopetegui revolucionó el once para tratar de encauzar la tragedia. Entraron Munir, Jordán y De Jong, recolocó a Gudelj de central y dibujó un sistema asimétrico, con mucha presencia en la mediapunta, buscando segundas jugadas pivotadas en torno al delantero holandés. Derribar el muro con balones a la olla. Un fútbol prosaico que funcionó a la primera. En el minuto 65, Jesús Navas caracoleó en la mejilla del área, se sacudió a sus contrarios, la colocó plana y dura en la parcela de Cifuentes y De Jong cabeceó magistral a gol.

El empate adormiló el encuentro. Ambos equipos afilaban navajas para la escaramuza final. Jonsson dejó su puesto a Augusto Fernández. El encuentro se endureció en el centro del campo. El cansancio desdibujaba el fútbol, lo convertía en una coreografía de cruces tardíos y pases vagos. Cervera decidió jugársela con Lozano y Malbasic. Lopetegui, con Bryan Gil.

Quedaban 15 minutos para romper el empate. Apretaron los nervionenses, el Cádiz achicó mientras pudo, hasta que se impuso el talento de los blanquirrojos frente al tesón local. Joan Jordán filtró un pase interminable que dejó a Munir solo frente al portero. No dudó el delantero y batió a Cifuentes. Ya en el descuento, con suspense, VAR y el Cádiz volcado a la desesperada, Rakitic hacía el 1 a 3 tras pase de Munir. Un inmerecido castigo para un Cádiz que cayó de pie frente a un Sevilla que pasó en noventa minutos de tímido a intratable. Remontada y hielo para un equipo que vuelve como se fue: serio, robusto y primorosamente trabajado.


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