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El Sálvame de Griezmann

El Sálvame de Griezmann

Cuando Griezmann le dijo a Valdano, "es hora de poner las cosas en su sitio, llevo mucho tiempo aguantándome", las cámaras de Telecinco dejaron a apuntar a Cantora para dirigirse al Camp Nou. Como a la Pantoja, hace tiempo que a nadie le interesa Antoine por su música. Los que le critican creen que hasta ahora no ha hecho nada en el Barça, y los que le defienden creen que hasta ahora que no ha hecho nada que valga 120 millones de euros.

Su titularidad, después año y medio, es discutible, pero después decir que no tiene el whatsapp de su tío, y que no se habla con su ex representante porque no fue a su boda, como si creyera que el francés iba a casarse con Messi, no hay quien le discuta un 'Deluxe'. En 'Universo Valdano' todos echamos de menos el polígrafo de Conchita. Si defender a Griezmann es una tarea complicada, qué se puede decir de tratar de culpar a Messi de todos sus males. Y eso que al ex representante y al tío, algo de razón no les falta, ya que si el argentino estuviera jugando al nivel del francés, o bastara para seguir ganando los partidos, nadie se acordaría de Antoine.

El francés tiene una forma atípica de divinizar la figura de Messi. Se parece a la de aquel obrero de Kiev del que habla Kapuscinski en 'El imperio', que acabó diez años en un lager porque para subir a un primer piso una estatua de Lenin que no cabía por la puerta, le ató una soga al cuello para hacerlo por la ventana.

Koeman decidió que Antoine descansara en Kiev tras el esfuerzo de la entrevista, y se prepare para la presentación de Laporta del lunes, cuya apuesta electoral es cambiarlo por Haaland.

Para mostrar su desprecio por el calendario, el holandés llenó el campo de descartes, intransferibles, filiales, suplentes suyos, y suplentes del Valladolid. Hasta sacó a Riqui Puig y que la FIFA viera lo que no quiere ver ni él. El balance es una goleada, igualar el mejor arranque en la competición de la historia y que Antoine no le dedicara el gol a su tío. De prolongarse el cabreo hasta podría ganar la Champions.

Su Barça, de momento, no juega de memoria, por lo que no tiene automatizada la desidia. Y eso que en el primer tiempo se echó de menos ver a Messi paseando cabizbajo, y preservar la esperanza de que en algún momento cambie de trayectoria para no pisar un aspersor. Su apatía se hace a veces insoportable, pero más insoportable seria verla en el City.