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El Real Madrid lame sus heridas europeas en un plácido derbi

El Real Madrid lame sus heridas europeas en un plácido derbi

El derbi, que tantas veces es una china en el zapato para el Real Madrid, principalmente si se disputa con el Movistar Estudiantes como local, resultó esta vez un bálsamo para los blancos, en su diván particular en ese amanecer de curso: desastrosos en Euroliga (1-4), firmes en Liga Endesa (6-0), donde sólo les aguanta el pulso el sorprendente Iberostar Tenerife. [93-77: Narración y estadística]

Se quebró el Estu como un potrillo recién nacido a la mínima que se enfureció el Madrid, que puso el ritmo y las ganas que solía acostumbrar, agresivo en la zaga, acertado y "confiado" (como pedía Campazzo al descanso) desde el perímetro (14 de 30 en triples). El finde en ACB viene siendo la mejor terapia para los de Laso, sin Causer ni Deck esta vez. Tampoco Anthony Randolph, que desde el toque de atención tras el partido contra el Valencia en Euroliga apenas ha contado.

Y eso que todo parecía encaminado hacia un derbi de fuegos artificiales, con el Estu más saludable de los últimos años, tres victorias consecutivas y jugadores de los que ilusionar de verdad (Avramovic, Roberson, Giedraitis...). Pero extrañamente, hubo un rato (muy grande) en que bajó los brazos y dejó de competir, como si necesitará que la Demencia le espoleará. Cuando trató de regresar y se puso a presionar a toda la pista, ya era demasiado tarde y Garuba estaba en plan depredador.

El comienzo del derbi resultó un fenómeno curioso, en el que el Estudiantes se dedicó a juguetear con los nervios del Real Madrid, con esa derrota en el Palau del viernes que, por supuesto, nadie podía olvidar. Le plantó una zona, sin titubeos, y le animó a explorar sus dudas. No había pasado ni un minuto y medio cuando Laso paró el combate, al poco sentó a Garuba... Y poco después caía claramente (5-15), desquiciado por las pérdidas de balón.

Fue Campazzo quien plantó cara casi en solitario (13 puntos en el primer acto). Lo llamativo fue que, sin el argentino y sin Tavares en pista, fue cuando despegó el Madrid. Se empeñó Javi Zamora en la defensa zonal y en el ratito que estuvo Christ Koumadje en pista, demasiado hundido, se envalentonaron los blancos desde el perímetro, con Thompkins de dulce. Cuatro triples consecutivos les dispararon. El Estu se quedó petrificado: no anotó ni un punto en los últimos cuatro minutos y se fue al descanso 10 abajo.

Y siguió de capa caída tras el paso por vestuario, otro buen rato sin anotar -¡casi 10 minutos a cero!- mientras el Madrid hincaba el diente. Evidente fue la mejora defensiva blanca, desde la que creció hasta recuperar sus buenas sensaciones, esas que tanto necesita en este trémulo inicio de curso. Pero el duelo, que apuntaba a emocionante, se rompió de mala manera. Un derbi sin público, sin emoción y sin polémica.

Apenas quedó ya una pachanga, pero Garuba no la desaprovechó. El tapón que le colocó a Arteaga es de esas acciones que valen (valían) una entrada.


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