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El piloto que hizo afición

El piloto que hizo afición

Alonso se aparta de la Fórmula 1 con dos mundiales y miles de nuevos espectadores

Nunca es fácil despedirse. Menos aún después de 18 años pegado a lo que más te gusta. Fernando Alonso deja aparcada su carrera como piloto de Fórmula 1, y lo hace con un país entero dándole las gracias. Destacar en un deporte donde nadie nunca lo había hecho cuenta doble. Alonso no solo se ganó un monoplaza en la F1, también fue el primer español en ganar un Gran Premio. Lo consiguió con 22 años, y fue el corredor más joven de la historia en hacerlo (hasta que Vettel le superó en 2008). En 2003 hizo historia, desde entonces creó leyenda.

Eso de que la Fórmula 1 era una competición donde corrían unos cuantos y siempre ganaba Schumacher se comenzó a cuestionar. Y sí, fue Fernando Alonso, un español, quien puso en jaque al heptacampeón de Ferrari. 2003, con una victoria en Hungría, y 2004, con cuatro podios, fueron el aviso. Ahí comenzó todo. Ese chaval que venía de ganar decenas de campeonatos de karting, además de la Fórmula Nissan, ya estaba en la pelea. Era bueno, muy bueno.

¿Quién no recuerda «los pajaritos» que hacía Alonso con sus guantes azules? ¿O los «Bravo Fernando» de Flavio Briatore, quien confió en él desde el principio, por la radio? 2005 fue un año de éxitos, de victorias y de fotos que nadie puede olvidar. Como ese duelo contra el ferrarista Michael Schumacher en Imola, cuando el asturiano le retuvo durante incontables vueltas hasta cruzar la línea de meta unas décimas de segundo por delante de él. O como ese «¡TOMA!» que gritó en el Gran Premio de China y retumbó por toda España al ganar su primer campeonato Mundial. Fernando Alonso había creado afición. La gente estaba enganchada a esa Fórmula 1 que narraba Antonio Lobato en Telecinco, un deporte que antes muy pocos seguían. Y Alonso les dio más. En 2006 llegaron más duelos épicos con «Schumi», más gritos con Briatore por radio y la mítica «grulla» sobre el Renault en Suzuka. Segundo campeonato mundial en dos años. Estaba haciendo historia.

Fue entonces cuando vio la puerta de grandes escuderías abiertas. Se decantó por McLaren-Mercedes, donde compartió escuadra con un tal Lewis Hamilton. Problemas con el equipo y con su compañero dieron pie a que las «flechas plateadas» se olvidasen del Ferrari de Kimi Raikkonen, quien les sacó un punto en la clasificación final del Mundial 2007 a ambos (Hamilton y Alonso empataron a 109 puntos).

Un paso atrás

El español decidió dar un paso atrás, y regresar a un Renault ya sin opciones de victoria, para dar después dos hacia delante. Fichó en 2010 por Ferrari. La escudería de las escuderías. El coche de los coches. Lo dio todo de sí, pero no fue suficiente. Un monoplaza rompedor pilotado por un nuevo «niño prodigio», el Red Bull de Sebastian Vettel, hizo suyo el campeonato desde entonces hasta 2013. No hubo opciones, ningún coche se acercaba al de la bebida energética... y aún así Alonso fue subcampeón del mundo con «Il Cavallino Rampante» en 2010 (a cuatro puntos de Vettel), en 2012 (a tres del alemán) y en 2013. Su compañero, Felipe Massa, quedó a más de cien puntos del asturiano en cuatro de las cinco temporadas que compartieron equipo. Alonso era más que Ferrari.

Su etapa final comenzó en 2015. McLaren se alió con la motorista nipona Honda para producir en conjunto un coche ganador. Alonso confió en ello. Pensó que podía ser una nueva etapa dorada para los ingleses, como lo fue la de Ayrton Senna. Pero no fue así. 24 abandonos en tres temporadas, la mayoría por problemas de motor, dieron a entender que el binomio McLaren-Honda había fracasado. Esta temporada, con Renault suministrando motores, pretendieron un borrón y cuenta nueva que tampoco llegó. El coche volvió a no estar a la altura del piloto, de Fernando Alonso.