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El destierro de Parejo

El destierro de Parejo

«Queremos viajar a Singapur para hablar con Peter Lim». Hace un año, Dani Parejo le hizo esta petición al presidente del Valencia, Anil Murthy. Junto al resto capitanes, querían explicarle al propietario la importancia de evitar que Mateu Alemany saliera del club, porque se temían que Marcelino le siguiera. La petición no fue atendida. Se convirtió en el germen de un expediente que se ha ido armando contra el futbolista y que le condena ahora al destierro.

Los propietarios le colocaron en el mercado a precio de ganga y le van a entregar la carta de libertad para que firme con el Villarreal. La razón oficial es su insostenible sueldo en un Valencia low cost, pero en el fondo subyace el poder del capitán, que erosiona a los dueños.

Parejo fue, junto a Garay, el jugador que más alzó la voz contra el despido de Marcelino. Con el asturiano en el banquillo había vivido sus mejores dos temporadas de las nueve que ha estado en el club; dos años felices que culminaron recogiendo la Copa en Sevilla de manos del Rey. Hasta las puertas de la selección se le abrieron el año que fue un imprescindible: jugó 56 de los 61 partidos oficiales. Y en su mejor momento, perdió al valedor.

Su posición fue lanzar un desafío directo al presidente para que explicara las razones de la destitución e imponer un silencio en el vestuario que hablaba a gritos y provocaba multas de Liga y UEFA. Con el respaldo de la grada, el poder de la plantilla y su liderazgo se fortalecieron. Evitaron la purga post-Marcelino y, especialmente, la salida del delegado, Paco Camarasa. Incluso repudiaron al jefe de los servicios médicos recién fichado.

Sus galones afloraron de nuevo conforme se alejaba el objetivo de la Champions. «Podemos fichar un defensa, creo que habría que darle más importancia al tema», dijo públicamente tras la lesión de Garay.

Carta de libertad

El fichaje no llegó, pero sí la humillante eliminación europea ante el Atalanta y la pandemia del Covid que obligó a negociar una rebaja salarial en la que hubo mucha tensión entre la plantilla y la presidencia. Para entonces, la salida de Parejo estaba decidida. La rúbrica la puso la necesidad de rebajar el coste salarial ante el fiasco deportivo.

Con 31 años y un mediocre final de campaña, Meriton colocó al capitán entre los transferibles. Parejo ha generado tantos amores como odios en la grada, pero atrás quedó el jugador inmaduro que acumulaba disculpas por sus andanzas y que se declaró en rebeldía en 2016 porque quería marcharse al Sevilla. «La única diferencia con Gayà o Carlos Soler es que yo no nací aquí», le gusta bromear al centrocampista, que se emociona con los acordes del Himno Regional valenciano.

Por eso, el Villarreal se colocó el primero en la fila de una posible subasta y Parejo escuchó. Su relación con la propiedad era irrecuperable y todos aquellos a los que salvó (delegado, médico, fisios...) han recibido ya su carta de despido. Los dardos que le lanzó Ferran Torres tras irse al City acabaron por resultar definitivos para que asimilara el fin de una etapa.

A 40 kilómetros de la que considera su casa, encaja en un club que cumple con sus requisitos para renacer y buscar la Eurocopa: proximidad, competición europea y asumir su salario. Además, estará a las órdenes de Unai Emery, con quien ya coincidió un año, y tendrá de escudero a Francis Coquelin, al que el Valencia también puso en venta por contestatario y fichará por el Villarreal por 12 millones.

A las dos gangas pescadas en Mestalla, Emery sumó ayer la cesión de Kubo desde el Madrid, lo que dibuja un centro del campo de lujo tan barato como inesperado.

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