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El Celta erosiona el liderato del Real Madrid

El Celta erosiona el liderato del Real Madrid

Una noche de fútbol empieza con el homenaje a un periodista que nos deja. Buena cosa. Era David Gistau, que ejerció la profesión y el madridismo del mismo modo: con emociones y sin bandos. Merecido. La noche siguió con otro David que no se llama David, pero que hace de cada partido una lucha contra los filisteos. Es Iago Aspas, que tiene más criterio que gol, que ya es decir, y todo lo que invoca el alma atlántica, desde el arrojo al malditismo. Aspas puso al Celta en la dirección del gol para martirio de un Bernabéu que vio volar a Courtois antes de volar a los suyos hasta su nirvana, la remontada, pero no era día para malditos, ni siquiera el portero Rubén, sino para héroes, como Aspas, como quien lo emuló en el desenlace, Denis Suárez, o como David, nuestro David. Un partido entero, de principio a fin, fue el mejor homenaje. [Narración y estadísticas: 2-2]

El espectáculo fue mejor que el resultado para el Madrid, que se deja dos puntos y reduce su red en el liderato a uno cuando resta sólo una jornada más antes del clásico. Cada encuentro va a ser, a partir de ahora, una pequeña batalla. Aguarda un desenlace apasionante.

Lo que Aspas representa para su equipo no tiene comparación. Ni siquiera Messi, el mejor solista rodeado de excelentes intérpretes. Aspas es la dos cosas y, además, el líder y la extensión del entrenador en el campo. No para de dar instrucciones a los demás. Pero es, asimismo, un caso extraño en este fútbol de apátridas, pues únicamente se encuentra en su medio. En este Celta mejor de lo que dice la clasificación, Aspas es la píldora de la autoestima.

En escasos minutos, el futbolista gallego encontró el pase para Smolov entre Varane y Carvajal, a los que cabe reprochar falta de atención. El delantero ruso hizo un control espléndido en carrera y definió con la frialdad que propone su latitud. Para este Madrid que ha crecido desde la seguridad defensiva, era un borrón. Para el Celta, una oportunidad de acomodarse en el campo de la forma que había pensado su entrenador, que alineó a tres centrales. En ventaja en el marcador, ya podía retrasar a los 'carrileros' para formar en un 5-4-1 que iba a complicar mucho el ataque del Madrid.

Los hermanos García Junyent, Óscar y Roger, son herederos del 'tardocruyffismo', pero lo ejercen sin prejuicios, ni dogmas. Durante todo el primer tiempo convirtieron la fase ofensiva del Madrid en un tormento, entregado el equipo de Zidane a centros sin un rematador natural en el área. Benzema remata pero es otra cosa, más cosas. En el desenlace, acertaron con los cambios, Denis Suárez y Santi Mina, hacedores del empate.

El técnico francés volvió al 4-3-3, al optar por el regreso de Hazard como titular y por la alineación de Bale. Probablemente, la línea que estaba en la hoja de ruta oficial pero las aguas son como los partidos, tienen vida propia, y obligan a improvisar a mitad de travesía. Lo único que podemos decir de Zidane es que las circunstancias, como las lesiones de Bale y, sobre todo, Hazard, han impedido que sepamos más. Los antecedentes hablan de que se ha sentido más cómodo cuando ha contado con un centrocampista más. Ante el Celta, no lo tuvo incialmente, con Modric e Isco en el banquillo, y eso le resto visión y último pase frente a una línea de cinco, sin que lo solucionara el desborde o el balón al espacio, porque no existía.

A Hazard se le observó recuperado y activo. Es un futbolista eléctrico que va a excitar el sistema nervioso del Madrid, algo necesario en un equipo que crece en lo colectivo pero que ha perdido explosiones. La defensa del Celta no era el mejor contexto, pero en cuanto la velocidad la desbordó, después del descanso, Hazard tuvo el espacio que le gusta. Había intervenido antes en una triangulación con Benzema y Bale que no acabó en gol pero fue de lo mejor del partido. Era, sin embargo, el camino. El tanto llegó del mismo modo, gracias al trámite del francés y la llegada de Marcelo hasta la línea. Su pase atrás lo alojó en la red Kroos, que es como un relojero suizo. Ni se despeina.

Rotos los espacios, entonces sí, fue el Madrid dominador y fue a su caza Hazard. El portero del Celta, ingenuo, midió mal e hizo un penalti inútil. Sergio Ramos ejectuó lo que parecía una sentencia, pero a óscar le quedaba una mano, y la jugó a lo grande con su doble pareja, Denis-Santi. Lo que hicieron estuvo a la altura del partido y del homenaje.