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El Betis de Pellegrini mantiene la ilusión frente al Valladolid

El Betis de Pellegrini mantiene la ilusión frente al Valladolid

Pellegrini mantiene la ilusión del beticismo con una nueva victoria, también merecida, con un juego preciso, conciso e ilusionante. Un dos a cero sin matices contra un Valladolid indolente. Seis puntos y a seguir.

Se torcieron pronto las cosas para el Valladolid en un estadio, el Benito Villamarín, que en las dos últimas temporadas se le había dado fetén. El Betis salió concentrado y fino desde el pitido. Pisando campo contrario por mandato. No habían pasado ni diez minutos de juego cuando un centro pasado de Emerson, que Álex Moreno redirigió como pudo, llegó a las inmediaciones de Óscar Plano. El centrocampista trató de despejar, pero no conectó con la pelota, que siguió su camino y golpeó en su brazo derecho, extendido como un ala. Jaime Latre consultó el VAR y decretó penalti. Fekir, sin carrerilla, lanzó potente y a media altura a la izquierda de Roberto, que se tiró atinado, pero no llegó a palmear el trallazo. Cuando los locales aún celebraban el gol, Moyano mostraba al banquillo su imposibilidad de seguir en el campo. Se retiró a los minutos lesionado. Todo eran malas noticias para el Valladolid de Sergio González.

El Betis estaba cómodo. Jugaba con celeridad, en las zonas calientes, muy tapado atrás, con un doble pivote que le sienta perfecto, como la chupa de cuero a los Ramones. En el minuto 18, una jugada vertical de los verdiblancos desembocó en un disparo de Canales bien taponado por la defensa pucelana. El balón salió rebotado, pero, William Carvalho, sin dejarlo rozar la hierba, solo en el gajo del área, lo destrozó contra la portería rival. Un gol que hubiera incendiado las gradas, hoy vacías, y que se tuvo que conformar con potrear los sofás en casa y agitar el corazón de los compañeros en el banquillo. El Valladolid no reaccionó y deambuló por el campo durante toda la primera mitad. Sólo Sergi Guardiola, luchando en mitad del desierto, sin ningún balón que calmara su sed, ponía algo de ferocidad a un equipo apachurrado y noqueado tras el mágico inicio de los locales.

Salieron del vestuario tres futbolistas nuevos en el once blanquivioleta. Kike Pérez, Pablo Hervías y Shon Weissman buscaban retomar el pulso de su escuadra, sin tensión ni luz ni esperanza en un partido atragantado. Se equilibró el choque en los primeros minutos de la reanudación, con unos visitantes más intrépidos y profundos, acechando la frontera de Claudio Bravo. Pero el empuje no se transformó en ocasiones dignas de glosa. Apenas bengalas apagándose pobremente entre los dedos.

Pellegrini contestó sacando a Fekir del campo y dándole minutos a Tello; más velocidad arriba, con la intención de finiquitar el choque en un contragolpe cuando los de Sergio González quemaran sus naves obligados por el reloj. Joaquín, seco, y Borja Iglesias, algo frío, dejaron su sitio a Sanabria y Juanmi. Aún quedaban veinte minutos para el final, pero el partido atravesaba un páramo. Pellegrini estaba tranquilo y el Valladolid definitivamente apagado. William Carvalho y Guido Rodríguez daban sentido al juego de los andaluces en la medular. Espantaban la imaginación rival. Apretaban, contemporizaban, conseguían que el Betis se mantuviera sabio, firme y resguardado. Pasaron los minutos con sosiego para los huéspedes y muda frustración para los visitantes. Ni Orellana, ni Guardiola, ni Míchel, pudieron desplegar su talento. Cayeron en el embudo de Pellegrini y de ahí, sin puntos, de vuelta a casa.


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