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El Barcelona reivindica su catarsis

El Barcelona reivindica su catarsis

En el esquizofrénico fútbol siempre hay momento para la catarsis. Por mucho que te aticen y te ridiculicen, no hay deporte en el que el escarnio retoce con tanto gusto con el enaltecimiento. Un día no sirves ni para recoger los conos del entrenamiento, y al siguiente eres el maldito rey del mambo. [Narración y estadísticas: 0-3]

Ousmane Dembélé, desatado, acabó el partido como capitán. Qué más da que se pusiera el brazalete al revés. La confusión debe formar parte de su leyenda. Martin Braithwaite no debía ser más que una anomalía de la decrépita política deportiva de Bartomeu. Ahora es el delantero centro titular del Barcelona. Ahí es nada. De niño, estuvo postrado en una silla de ruedas durante dos años por culpa del Síndrome de Legg-Calvé-Perthes. Braithwaite aprendió demasiado pronto a luchar. Y en ello sigue.

Pero no es el danés el único futbolista que encarna la transformación anímica de este Barcelona que ha tomado velocidad de crucero en la Liga de Campeones, clasificado para octavos tras su última goleada ante el humilde Ferencvaros en Budapest, con pleno de triunfos en la liguilla y a la espera de poder certificar la primera plaza de grupo frente a la Juventus en el duelo que cierra la fase de grupos.

Ante la reincidencia en el descanso de Messi, otros jugadores hasta ahora imperceptibles han cambiado su gesto mustio. Antoine Griezmann, falto de cariño mediático, es uno de ellos. El gol que marcó de tacón sólo puede interpretarse a partir de un brote de confianza. Pero también cabe ahí Dembélé, a quien Koeman comienza a encontrarle utilidad. Trincao y Pjanic continúan esperando su día grande. Con todo, la primera media hora azulgrana en la casa de Puskas fue excelsa. Después no hubo más que disfrutar de lo amasado.

Puestos a encontrar respuestas a la mejoría de ese Barcelona que venía malviviendo en la Liga cuesta no reparar en la incidencia de Braithwaite. No sólo por los goles -cuatro en los últimos tres partidos-, sino porque su presencia da por fin sentido a la idea de juego de un entrenador que, sin un ariete de referencia, se había acostumbrado a naufragar en los ataques estáticos. Braithwaite cumple con ese cometido. Ofrece profundidad, fija a los centrales y libera espacios para esa segunda línea por la que Griezmann, por fin, comienza a tramar los bailes con los que corona sus goles.

Así fue con el tanto inaugural, engendrado en la orilla izquierda entre Dembélé, cuerdo en la toma de decisiones, y un Jordi Alba que también comienza a saber vivir si su histórico socio, Leo Messi. Al centro del carrilero acudió con solvencia Griezmann. Tan seguro estaba de que sería su momento que sacó la espuela.

Si bien Dembélé había provocado el vuelo de Alba en el primer estoque, para su segunda irrupción optó por alcanzar la línea de fondo. No solo dejó atrás a su par, sino que estuvo preciso con el centro al primer palo a Braithwaite, que remató a la red.

Las posesiones, largas, tenían sentido porque siempre había quien las finalizara. A ello se disponía Braithwaite cuando el sufrido Frimpong se lo llevó por delante en el área. El delantero danés prefirió ceder el lanzamiento de penalti a Dembélé. Si el francés estimula tanto es por el desconcierto que provoca. Se colocó Dembélé en línea recta frente al balón como si pretendiera que el portero no supiera qué pie utilizaría. Fue el derecho, aunque el guardameta se vio con la frustración de quien entorna los ojos ante las nueces del trilero.

Por mucho que el Ferencvaros se estirara en el segundo acto y que los cambios de Koeman -incluso asomó Riqui Puig como mediapunta- llevaran a un cierto desorden, las carreras agónicas y los recortes con estaca de Dembélé animaron hasta el final.

Péter Esterházy, maestro de las letras húngaras que se veía más futbolero que intelectual, siempre lo tuvo claro: «Sin el olvido no existe el recuerdo. Sólo podemos acordarnos cuando podemos olvidar». Quizá sea momento de recordar que este Barça, hace un mes, era un guiñapo. Pero ahora es una delicia. La vida.