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De la depresión a la esperanza

De la depresión a la esperanza

La eliminación en la Supercopa hace un año abrió una grave crisis de la que el Barça aún intenta salir

El fútbol no tiene memoria y la capacidad para acaparar elogios y generar críticas es tan veloz que puede convertir a un equipo como el Barcelona, desahuciado hace dos semanas en la Liga, en el mejor posicionado para ganar el primer título de la temporada, la Supercopa de España. Solo han pasado quince días y tres jornadas ligueras desde el batacazo en el Camp Nou ante el Eibar (1-1), que despojaba al equipo azulgrana de todas sus opciones y dejaba aire todas sus carencias. Pero Huesca, Athletic y Granada han resucitado al cadáver culé, que combinado con los empates del Real Madrid ante el Elche y el Osasuna, le otorgan la vitola de favorito para llevarse el torneo. Sin el Atlético de Madrid en ninguna de las semifinales, las posibilidades se las reparten Barça y Madrid, con permiso de la Real Sociedad y Athletic Club, pero las dudas se ciernen ahora sobre el equipo blanco, incapaz de generar un juego fluido y con el foco mediático centrado en la continuidad de Sergio Ramos.

En cualquier caso, ni Koeman ni Zidane acuden con la urgencia de Ernesto Valverde hace un año, cuando la derrota ante el Atlético de Madrid le costó el puesto a pesar de ir líder en Liga y haber pasado a octavos de final como primero de grupo en la Champions. No obstante, todo lo que no sea regresar con el título bajo el brazo enrarecerá aún más un ambiente ya tenso de por sí en ambos clubes.

El Barcelona ha sabido revertir su situación. Los últimos resultados y la mejora en el juego, después de que Leo Messi, Antoine Griezmann y Ousmane Dembélé se hayan reencontrado con su mejor versión, optimiza la ilusión azulgrana, maltrecha tras un inicio de temporada decepcionante. Graves errores individuales, una fragilidad defensiva extrema y una escasa efectividad en ataque han gravado considerablemente al equipo, que no ha logrado marcadores satisfactorios a pesar de que la línea mostrada era la deseada. «A nivel de resultados no estábamos teniendo los que queríamos, pero sabíamos que el camino era ese. Teníamos ocasiones, pero no las podíamos plasmar en los resultados porque siempre empezábamos perdiendo por algún error», explica Sergio Busquets en los medios oficiales del club.

Una percepción que ha variado tras cuatro victorias consecutivas fuera de casa, algo que no sucedía desde hace dos años. «Ahora el equipo es mucho más sólido, estamos con muchísima más confianza. Las ocasiones siguen llegando, pero ahora los goles van entrando y eso lo hace todo más fácil. Ojalá podamos seguir creciendo como bloque», añade el centrocampista catalán, que ya ve factible levantar títulos tras una temporada en blanco: «La Supercopa la afrontamos con mucha ilusión porque estamos en una dinámica positiva. Estamos cerca del primer título de la temporada y tenemos muchas ganas de luchar por él».

Crisis institucional

Necesita el Barcelona un triunfo en la Supercopa para frenar también el descalabro institucional en el que se está inmerso. Sin presidente desde finales de octubre, se encuentra maniatado a la hora de reforzarse en este mercado invernal por las limitaciones económicas y la desgobernanza actual. Con la fecha de las elecciones (24 de enero) en serio riesgo de aplazamiento por las medidas sanitarias a causa de la pandemia, los fichajes solicitados por Koeman (un central y un delantero) podrían quedar descartados (nadie tiene potestad para fichar ni vender hasta que no haya un nuevo mandatario y el mercado acaba el 1 de febrero). Cuatro son los precandidatos que han pasado el corte para poder suceder a Bartomeu: Joan Laporta, Víctor Font, Toni Freixa y Emili Rousaud. El expresidente, que ha logrado más firmas de apoyo que los otros tres juntos, es el máximo favorito para ganar unos comicios que no quiere que se aplacen. En ellos recae la ilusión de una masa social que añora el exitoso pasado reciente.

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