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¿Cómo volver a nadar en la piscina?

¿Cómo volver a nadar en la piscina?

En el bullicio que vive la playa de la Barceloneta desde el fin del confinamiento hay más corredores que nunca, surfistas y hasta practicantes de un extraño crossfit, pero también hay profesionales que recuperan la forma física perdida. Dentro del agua, donde también se han multiplicado los nadadores amateurs, la medallista mundial Jessica Vall rebasa a todos haciendo braza e intenta atender las instrucciones de su entrenador, Jordi Jou, desde el espigón. No hay manera. No hay quien se entienda. Al verla muchos se extrañan y la pregunta se repite: si ya han reabierto el Centro de Alto Rendimiento (CAR) de Sant Cugat, ¿qué hace aquí?

La respuesta se encuentra en el Boletín Oficial del Estado (BOE). «Se respetará el límite del 30% de aforo en cada piscina, excepto cuando la piscina se divida por calles de entrenamiento, situación en la que sólo podrá ejercer actividad un deportista por calle», se establece en la fase 2 del Plan de Desescalada y eso deja en tierra a la mayoría de nadadores, tanto profesionales como amateurs. La alegría por la reapertura de las piscinas tras quedarse fuera de la fase 1 desapareció al hacer números. Con un solo nadador por carril, sólo pueden entrenar ocho o 10 cada hora y, con los parones para desinfectar, eso supone un límite de 50 o 60 usos al día. A ninguna instalación le compensa el gasto de apertura para tan poca actividad. Y la opción de abrir sin corcheras no se contempla precisamente por el peligro de contagios -y golpes- que generaría.

«La normativa actual nos limita muchísimo. Si los clubes no pueden abrir, muchos profesionales tienen que recurrir al mar y, si no viven cerca de la costa, siguen sin entrenar en el agua. En los CAR también tenemos esa limitación y, aunque hemos reunido a todos los posibles en Madrid, Sant Cugat y Sierra Nevada, no hay espacio y tiempo para todos», lamenta Jorge Sánchez Joti, responsable de área de la Federación Española de Natación (RFEN), que recoge la opinión de entrenadores como Fred Vergnoux o el propio Jordi Jou. «La pandemia ya nos había puesto en una situación difícil y esto la agrava. Desde la niñez los nadadores no están fuera del agua más de dos semanas al año y ahora llevan más de dos meses. Es una cuestión de sensaciones, se pierde mucho. Se notará en las próximas competiciones. Ya se puede jugar al tenis en parejas, pero nosotros seguimos casi parados», añade.

El modelo EEUU: 60 nadadores por hora

Desde la propia RFEN han enviado al Consejo Superior de Deportes (CSD) varias soluciones, pero el riesgo cero es imposible y eso impide cambios. Una propuesta, por ejemplo, es imitar el modelo de Estados Unidos. Allí, en los entrenamientos de los profesionales y en algunos clubes, se ha establecido un patrón que permite ejercitarse hasta a 60 nadadores por hora. La clave es la coordinación de salida, exprimir al máximo los 2,5 metros de cada calle y el orden para los descansos. Hay sistemas más sencillos que simplemente se basarían en aumentar el límite a tres o cuatro practicantes por carril. En todo caso, desde la RFEN se recuerda el estudio del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) publicado el pasado 7 de mayo que concluía que el riesgo de contagio en el agua es realmente bajo.

«Las piscinas son de las instalaciones deportivas más seguras que hay, si se controlan las circulaciones dentro de las mismas», proclama Xosé-Carlos Fernández, director general del Club Natació Barcelona, que esta semana publicó un comunicado al que acabaron adhiriéndose 115 clubes en toda España. En él se duda de la viabilidad de estos centros si siguen aplicando restricciones mayores a las piscinas que a las pistas de atletismo o de tenis y se reclama atención. «Nosotros tenemos 112 años de historia y nunca nos habíamos enfrentado a una prueba de fuego como ésta. Hemos perdido 363 socios y 84.000 euros en cuotas. Por eso insistimos en la reapertura», concluye.