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Claudio Bravo, un mariscal bajo palos para asustar a Benzema y compañía

Claudio Bravo, un mariscal bajo palos para asustar a Benzema y compañía

Sesenta goles en contra marcaron al Real Betis Balompié la pasada temporada. Sólo el Mallorca, que descendió como penúltimo, encajó más goles: sesenta y cinco. Los equipos defienden en tribu, pero el portero es el primero en recibir el hachazo. Tras la jugosa venta de Pau López a la Roma, Joel Robles asumió la titularidad casi por descarte. Aunque Ángel Haro habló con Adrián San Miguel, Rubi finalmente decidió no repatriar al canterano y apostar por un portero inexperto, Dani Martín, confiando más en su potencial que en su tierno presente.

Adrián acabó levantando trofeos con el Liverpool, Dani Martín no estuvo a la altura en las oportunidades que tuvo en Copa y Joel siempre dejó la sensación de poder hacer más en muchos de los goles recibidos. La defensa era frágil, el equipo se rompía con facilidad y el guardameta getafense no obró milagros. Un fichaje para el área pequeña era perentorio para el proyecto de Manuel Pellegrini.

Claudio Bravo (Viluco, Chile; 1983) fue el elegido. Treinta y siete años, delantero de alevín, no muy alto para el puesto, incansable en el mando, avezado con los pies. De vuelta de todo, pero con hambre. Como su entrenador, con el que comparte pasaporte, pasado en el Manchester City y ganas de hacer ruido en una Liga que ha arrancado muy bien para los verdiblancos. Dos partidos, dos victorias, dos porterías a cero. Y la sensación de que el Betis tiene un plan, un patrón de juego. El doble pivote que propone su entrenador cimenta al equipo. Le da sentido. William Carvalho y Guido Rodríguez son como una glosa que en el margen explica el fútbol de los suyos. El bloque es pragmático y directo. Con chispa arriba, con disciplina abajo, y la aportación de un Bravo esplendido, desafiante, osado en el juego en largo, regente en su área. Un jefe enguantado.

"Soy muy competitivo. Soy ambicioso. Trabajo para ganar, no me gusta perder. No me gusta tirar una semana a la basura", declaró a los medios del club. No esconde su caudillaje en el campo. Su ansia es contagiosa. Ordena y mueve. Achica y regaña. El equipo se construye desde atrás. Como las olas, coge fuerza en la retaguardia para morir en la orilla del área rival. "Nos va a dar toda su experiencia y su liderazgo en la cancha. Estoy muy contento de haberlo convencido de que viniera", dijo Pellegrini de su nuevo cancerbero. Los últimos 180 minutos de juego le han dado la razón.

Bravo es un portero contemporáneo, de los que acampan lejos de la sombra de los palos, que asume riesgos y gusta del protagonismo de la bola. Hacerse notar. Apechugar con las responsabilidades. Su veteranía agranda aún más esos rasgos, que siempre tuvo. Poca presión y mucho arrojo. El lujo de los años.

El Real Madrid, al que el Betis se enfrenta esta noche (Benito Villamarín, 21:00 h. Movistar La Liga), no es un rival que recuerde con especial cariño el meta chileno. Diez derrotas, dos victorias y un empate después -defendiendo las camisetas de la Real Sociedad y el Barcelona-, Claudio se vuelve a oponer a los delanteros madridistas. Benzema, al que hoy tendrá delante, logró batirle en su último duelo. Hace de eso cuatro años. Un mundo, si el área es tu hogar y los guantes tu patrimonio.


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