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Bartomeu resiste, no presenta su dimisión y aprieta a la Generalitat

Bartomeu resiste, no presenta su dimisión y aprieta a la Generalitat

Josep Maria Bartomeu resiste junto a sus directivos, niega una dimisión en bloque y se resiste a convocar aún el voto de censura. Antes de tomar cualquier decisión, el presidente del Barcelona pretende que se pronuncie el Plan de Protección Civil de Cataluña (Procicat). Que sea este comité técnico formado, entre otros, por responsables políticos de diversas áreas de la Generalitat el que decida si se dan las condiciones sanitarias adecuadas para que se celebre un referéndum contra su junta los próximos 1 y 2 de noviembre.

El ruego de Josep Maria Bartomeu a Pere Aragonès, vicepresidente con funciones de presidente de la Generalitat, ni mucho menos fue casual. Ahí se condensaba todo: «Nuestra entidad siempre ha estado al lado de las instituciones del país, de forma leal y comprometida». Pero Bartomeu, que siempre pensó que ejerciendo de equilibrista político, institucional y deportivo podría salvarse de cuantas crisis le vinieran encima, se encontró con la firme oposición del Govern. El presidente del Barcelona, en su último ejercicio de supervivencia, acordó mantener el pulso en la reunión extraordinaria de su junta celebrada este lunes en el Camp Nou. Al menos hasta que el Procicat asuma su parte de responsabilidad en el asunto.

Hasta el momento no ha habido manera de que Bartomeu convenciera al gobierno de la Generalitat para que aplazara el referéndum. Nunca un presidente del Barcelona fue expulsado del club mediante una moción de censura, porque tanto Josep Lluís Núñez como Joan Laporta salvaron las suyas.

Para ello, el máximo mandatario azulgrana ya había denunciado ante la Guardia Civil un presunto fraude en las firmas validadas (19.380) que obligaban al voto. El caso, según avanzó la Ser, ya está en manos del juzgado número 32 de Barcelona, al inhibirse el número 1 al no ver relación alguna con lo que reclamaba el Barça, la supuesta conexión con una trama de reventa de abonos.

Lo que no esperaba el Barcelona -o quizá sí- era el muro que ha quedado levantado frente al Palau de la Generalitat. Allí no ha encontrado aliados. Para los miembros del Govern, nada impide el voto contra Bartomeu pese al avance de la segunda ola, el cierre de bares y restaurantes y el estado de alarma decretado por Pedro Sánchez. «No existe ningún impedimento de tipo legal ni sanitario que impida su celebración», ya advirtió el pasado viernes Gerard Figueras, Secretari General de l'Esport.

Bartomeu, acorralado, apostó fuerte el domingo. Primero, remitiendo un protocolo de 21 páginas para que el voto de censura pudiera ser celebrado en las fechas previstas (1 y 2 de noviembre), pero en una única sede, el Camp Nou, no en 21 como le había reclamado la Generalitat ante la «imposibilidad» organizativa.

Aunque nada como la carta remitida por Bartomeu a Aragonès esa misma noche, en la que, además de volver a pedir el aplazamiento de la votación, le responsabilizó ante hipotéticas consecuencias: «Nos jugamos la vida y el bienestar de mucha gente». El mandatario del Barcelona recordó al vicepresidente catalán que estarían llamados a votar 110.133 socios. Y que la media de edad de la masa social asciende a 58 años, con más de 40.000 superando los 60. «Nuestra máxima preocupación se centra en evitar toda actuación que coloque a estos colectivos ante un riesgo elevadísimo de contagio atendiendo a su vulnerabilidad», continuó Bartomeu, que aseguró que su club se limita a «proteger a la ciudadanía».


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