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Alex Morgan, una jugadora atípica

Alex Morgan, una jugadora atípica

La delantera de Estados Unidos se ha convertido en la máxima goleadora después de haber marcado 5 goles de los 13 que marcó su selección a Tailandia

La historia de Alex Morgan comienza el 2 de julio de 1989 en la Ciudad de San Dimas, California. Es la menor de las tres hijas que tuvieron Michael y Pamela, criadas bajo los valores que encarna el deporte. Tal es así que la pequeña de los Morgan practicó baloncesto, voleibol o atletismo antes de decantarse finalmente por el fútbol, o soccer, más apropiado para esta ocasión.

A la temprana edad de catorce años ya tenía claro que quería convertirse en profesional de un deporte que no era paritario. No desistió. Consiguió una beca para la Universidad de California en el 2007 donde entrenó con el California Golden Bears a la vez que estudiaba la carrera de Economía Política. Pese a que tuvo un crecimiento vertiginoso en el fútbol terminó graduándose a la par que seguía creciendo en el soccer estadounidense.

Pese que mundialmente es conocida como Alex Morgan sus entrenadores la apodan «Baby Horse». Su estilo de juego rápido y eléctrico cuando se aproxima al área lo asemejan a un caballo porque, según su la biografía del equipo nacional, no corre, galopa.

Pese a que cuenta con el título que le acredita como campeona de la Liga Nacional de Estados Unidos con el Portland y de la Champions League en su única temporada en el extranjero con el Olympique de Lyon, reducir la influencia que tiene Morgan en base a los títulos sería simplista.

Es más, aparte de graduada universitaria también es escritora. Morgan tiene una serie libros para niños titulada «The Kicks», donde habla de su amor por el fútbol y donde enseña la máxima de luchar por aquello que despierta una motivación en cada uno.

Lucha por la igualdad

Alex Morgan es consciente de que se dedica a un deporte que no es paritario. No solo eso, sino que las diferencias entre mujeres y hombres es abismal. Por ello, la delantera estadounidense encabeza la lucha por la igualdad. Su influencia ha llegado a tal punto que la prestigiosa revista Time la definió como «La igualadora».

Este sobrenombre se lo ha ganado con acciones como ser la primera firma en la denuncia que presentó la selección femenina contra su propia federación en el Día de la Mujer el pasado 8 de marzo por discriminación salarial y contar con peores condiciones que los hombres para entrenar o viajar.

La nativa de California deja pistas que demuestran las causas con las que está comprometida, pero que pasan totalmente desapercibidas. La prueba está en su indumentaria de juego: la banda rosa que lleva en la cabeza. Esta prenda la porta en apoyo a la madre de su marido, Servando Carrasco, también futbolista que milita en Los Ángeles Galaxy-, que superó un cáncer de mama-. Ha explicado en varias ocasiones que le ayuda a superarse.

Otro aspecto de su forma de ser que la desmarca de ser una jugadora común es que no guarda ningún reparo en en mostrar sus convicciones políticas. Antes de partir a Francia con motivo del presente Mundial declaró que, de levantar la Copa del Mundo no acudirá a la recepción en la Casa Blanca con el presidente Donald Trump. Se ha mostrado muy crítica con la labor de la actual jefatura, sobre todo en la política migratoria.

A sus innumerables éxitos deportivos como ser campeona del Mundo, de los Juegos Olímpicos, ser cuatro veces nombrada la mejor jugadora de la CONCACAF - Confederación de Norte, Centroamérica y el Caribe de Fútbol- o ser Balón de Plata hay que añadir que es una de las 100 personas más influyentes, ha participado en la final del Mundial de 2015, siendo el partido de fútbol más visto en la historia del país con una audiencia de 23 millones de personas. Una jugadora que marca no solo una época, sino un antes y un después en el fútbol femenino.