Cultura

Yoko Ono inunda Oporto con 297 piezas de vanguardia

Yoko Ono inunda Oporto con 297 piezas de vanguardia

El Museo Serralve reabre tras el cierre por el coronavirus con una retrospectiva de la artista japonesa

Lleva décadas residiendo entre Londres, Nueva York y su Tokio natal, pero sus 87 años y el difícil contexto del coronavirus desaconsejan hoy su sempiterno transitar de aeropuerto en aeropuerto. Ni siquiera para desplazarse a Oporto, donde el Museo Serralves inaugura la nueva etapa de los centros artísticos de Portugal con el reclamo de una amplia retrospectiva de Yoko Ono.

Nunca se sabrá si ella fue la verdadera culpable de la separación de los Beatles, como apuntan periódicamente miles de fans de John Lennon, pero sí queda claro que su aureola de musa de la vanguardia continúa vigente en toda su dimensión. Así lo demuestran las 297 piezas que componen la exposición abierta hasta el 15 de noviembre en el museo de arte contemporáneo más importante del país vecino, que expande las obras incluso por el parque circundante, un rincón privilegiado de la Avenida da Boavista, en las proximidades de la zona litoral de Foz.

«Painting to Hammer a Nail» (1961) - ABC

«El jardín del aprendizaje de la libertad» se llama la exhaustiva muestra, presentada por el director de Serralves, el francés Philippe Vergne, en un formato íntimo y arquetípico de estos nuevos tiempos… mientras subrayaba la influencia de la eternamente polémica Yoko, una creadora incómoda que se abonó a ir a contracorriente.

Cuando próximamente se abra la frontera terrestre entre España y Portugal (si las circunstancias sanitarias lo permiten), esta cita de Oporto se convertirá en una de las imprescindibles de la temporada artística más atípica que se recuerda a ambos lados de la península ibérica, con aforo limitado, mascarilla obligatoria y, sobre todo, marcación previa de día y hora.

En España, pueden verse algunos trabajos de esta infatigable representante del conceptualismo en el Museo Vostell Malpartida, ubicado a solo tres kilómetros de Cáceres, donde sus tres cruces de madera sorprenden al visitante con toda la intensidad estética del grupo Fluxus, por cortesía del legado del alemán Wolf Vostell, todo un enamorado de Extremadura.