Cultura

Ussía en Sigüenza: "Como me ridiculizo a mí mismo, tengo amnistía para ridiculizar a los demás"

Ussía en Sigüenza:

Después de algunos meses sin celebrarse, las veladas literarias del Parador de Sigüenza volvieron el pasado viernes con Alfonso Ussía como protagonista. Definido por Marta Robles, la nueva conductora de los encuentros, como un «hombre comprometido con la lealtad», de los que «que no se callan ni debajo del agua. Lo que es muy de agradecer en este siglo XXI tan melifluo, en que nuestra profesión dice sólo lo que hay que decir, lo que le han apuntado que diga y dependiendo de lado de la corriente en el que esté, una cosa u otra». Ante este panorama, «Alfonso siempre dice lo que considera y acaba fastidiando a los suyos y a los otros».

«Me gusta escribir simultáneamente dos libros que tengan un ritmo diferente. Ya está en cocina el ultimo Sotoancho y también están prácticamente terminadas mis memorias de cazador. Soy un pésimo cazador y, como me ridiculizo a mí mismo, tengo amnistía para ridiculizar a los demás».

Ya metido en la conversación de cara a los lectores, respecto al problema de la censura y la autocensura, que impone en nuestros días la corrección política, el veterano columnista sostiene: «Durante el franquismo había censura, pero se superaba con talento, con la doble intención. La autocensura de ahora es mucho más grave, porque la ejerce el propio escritor sobre sí mismo para estar más cómodo en el grupo editorial al que pertenece. Sin olvidar que las leyes de educación en los colegios han terminado con la perceptiva literaria, con el estudio de las Humanidades».

Ussía también es un conocido cultivador y estudioso de la poesía satírica. «No quiero provocar, no quiero herir a nadie. Lo que quiero es que me dejen libertad para utilizar mi lenguaje y mi idioma como me venga en gana. Dentro de la inmensa distancia que me separa de ambos, escribiendo prefiero parecerme a Quevedo, no a Carmen Calvo hablando. Por eso tengo que usar palabras del Siglo de Oro, que es donde se encuentra nuestro mayor tesoro literario, sin que me conviertan por ello en un fascista. En el congreso no hay humor. Como tampoco hay buena educación, talento alguno o grandes oradores».