Cultura

Una meditación poética sobre las incertidumbres

Una meditación poética sobre las incertidumbres

Jaime Siles compone en su último poemario una bella meditación sobre los fulgores y las inquietudes de la vejez

Jaime Siles (Valencia, 1951) ha hecho de la poesía de indagación y de pensamiento su más indudable huella de identidad. Poeta de múltiples registros, dentro de una voz identificable y unitaria, hay en él ese diálogo constante entre el sentir y el pensar, entre la experiencia personal y sus reflejos en la experiencia de la cultura. Arquitectura oblicua es un libro de madurez, de indudable contemplación y meditación, donde la voz o las voces que construye Jaime Siles están solas frente al tiempo. Es, en definitiva, una sucesión de personajes que intentan reflexionar sobre el valor del instante, sobre los fragmentos de la memoria y sobre la presencia de la muerte. Aquí, como diría otro gran poeta, Antonio Gamoneda, arden las pérdidas, y la poesía se construye en ese territorio entre el asombro y la despedida.

Dividida en cuatro partes, más cuatro poemas de transición entre cada una de ellas, Arquitectura oblicua asume distintos tonos, distintas miradas y formas métricas. Está el apunte de viaje, la visión de una flor en invierno, la figura de una paloma sobre los álamos, la presencia de los clásicos, la mirada interior, la reflexión metapoética. Distintas formas de contemplar la realidad y distintas formas de manifestarse un yo que, ante los embates del tiempo, vive la crisis de su propia identidad.

Porque esas vísperas del final significan volver a hacerse la pregunta que dio origen a la tragedia: ¿quién soy? ¿por qué poco a poco voy perdiendo la idea que construí de mí? El libro, en muchos de sus poemas, adquiere el tono de una confesión: «¿Sexagenario yo? / Sí : sexagenario./El tiempo lanza ya/ sus últimos disparos/ sobre la breve nieve/ pisada por los años (…)» Una confesión llena de perplejidad, de la memoria que vuelve, de lo vivido que se expresa en su fragilidad y en su tránsito hacia la ruina. Los momentos más emocionantes son precisamente aquellos en los que el hombre que aquí habla, o los fragmentos del hombre que aquí habla siguen buscando una luz, una idea, una forma en medio de todo lo que se va. Y lo que encuentra es el lenguaje, esa manifestación esencial de la realidad, esa construcción del yo que se resuelve en un puñado de palabras.

Un libro hondo

Jaime Siles escribe de esta forma un libro hondo, una aventura donde lo existencial y lo reflexivo son parte de un mismo fluir. Lo que ha ganado con los años es densidad metafísica, mirada para verse, lucidez para hablar de él como un hombre en medio de las intemperies y de las búsquedas.

Libros como este de Arquitectura oblicua dan a la trayectoria de Jaime Siles una dimensión aún más rica y profunda. Y sin dejar de ser, como parte de su generación, un poeta que busca en el lenguaje la máxima expresividad, se ha atrevido a abrirse aquí, romance a romance, a una bella meditación sobre los fulgores y las incertidumbres de la vejez, para acabar recreando a un homo viator que nunca cesa de caminar, de buscar una explicación, una intelección del mundo.