Cultura

Un Lorca flamenco y clandestino para ver enmascarado

Un Lorca flamenco y clandestino para ver enmascarado

«Tacones Manoli» propone una experiencia inmersiva con «La casa de Bernarda Alba» como fondo

Flamenco, clandestino, máscaras, Lorca, inmersivo... Son palabras que excitan la imaginación; todas ellas están incluidas en « Tacones Manoli», un concepto diferente de espectáculo que ha abierto sus puertas en Madrid. Un viejo palacete del Madrid más castizo, que fue en su día, según cuenta la leyenda, la ermita de Santa Cruz, y más tarde lugar de reunión de templarios y masones, para convertirse después en la primera sede de la Bolsa de valores madrileña.

Hoy es el hogar de Manoli, pariente cercano de la Bernarda lorquiana. Y es que esta obra ha sido la inspiración para este espectáculo, que sigue las pautas del neoyorquino « Sleep no more», basado en el «Macbeth» shakespeariano. «Tacones Manoli» es, según lo definen sus creadores, «un espectáculo clandestino inmersivo, un viaje al universo lorquiano con toques de flamenco que combina diferentes disciplinas como baile, canto, música y teatro gestual». El productor Iñaki Fernández es el máximo responsable de esta experiencia, para la que ha contado con la dirección artística de Felype de Lima, la coreografía de Manuel Liñán y un elenco encabezado por la cantaora Chelo Pantoja, que encarna a Manoli.

Una máscara, una carta y curiosidad. Mucha curiosidad. Son los tres únicos elementos que necesitan los espectadores que se acerquen a «Tacones Manoli». Las dos primeras se las proporcionan los responsables del espectáculo, la tercera la ha de traer de casa cada uno. «Cuando el público entra en “Tacones Manoli” -explica Iñaki Fernández- recibe una carta que representa la entrada a la casa; se le entrega al azar y marca el recorrido por la casa». Son cartas esotéricas: aparecen el ahorcado, el mago, la luna, la rueda de la fortuna, la muerte, el enamorado... También se le entrega a cada espectador una máscara blanca, que preserva su identidad frente al resto del público, y que añade unas gotas de misterio a la experiencia.

«Siempre he querido dirigir alguna vez un Lorca -explica Felype de Lima-, y ésta era la ocasión. Yo buscaba un título que estuviera relacionado con el flamenco y tuviera carácter español. Y la “Bernarda” era perfecta para este espacio tan sugerente, con tantas habitaciones. Era ideal para contar la obra».

Asegura De Lyma, un brasileño afincado en Madrid desde hace muchos años, y que ha desarrollado su carrera fundamentalmente como escenógrafo y diseñador de vestuario, que «“Tacones Manoli” es un espectáculo muy complejo, con veintinueve escenarios, y en cada uno de ellos siempre sucede algo. El espectador puede construir su propio espectáculo, su propia “Casa de Bernarda Alba”. La historia no es lineal, no hay texto. Están los principales fragmentos de la obra, que contamos a lo largo de dos horas y media de recorrido. Lo que hemos hecho es descuartizar la “Bernarda” para después volver a construirla; está fragmentada en quince líneas de tiempo diferentes. Contamos la obra a través del flamenco y de otros lenguajes, como el sonido y la imagen, pero cada espectador es libre de moverse por dentro del edificio. Cada uno puede vivir el luto de esta casa de una manera».

No es un espectáculo participativo. «El espectador es un voyeur. El público observa, cambia de estancia, se mueve de un espacio a otro. Puede seguir a un personaje; a Adela, a Poncia., a Martirio... También pueden comer y beber; no es una “cena-espectáculo”, pero en la cocina hay comida y bebida, que forma parte de la experiencia sensorial».

Felype de Lima ha huído del «typical spanish». «Por supuesto; mis propuestas estéticas no suelen ser habituales. En mi flamenco vemos batas de cola con sotanas, un funeral con bolsos de Chanel y bailes con máscaras de gas y cuernos...»