Cultura

¿Un Goya antitaurino?

¿Un Goya antitaurino?

Una polémica exposición en el Museo del Prado intenta presentar al pintor como contrario a la tauromaquia

La celebración del aniversario del Museo del Prado se ha visto ensombrecida por una polémica exposición que intenta presentar a Goya como antitaurino. Lo justifica el comisario con razones peregrinas: tenía amigos ilustrados que lo eran. (Añado yo: y otros, ilustrados, que no lo eran. No todos mis amigos son taurinos). Una serie de tablas incluye una corrida, un manicomio y una escena inquisitorial. (Matizo: eso no quiere decir que las identifique). Presenta al toro como un hermoso animal y a la plebe, como grosera. (Refleja lo que ve).

Los documentos no mienten. En una carta a su amigo Zapater, convaleciente, le aconseja: «Lo dejas todo, te vienes a ver cuatro fiestas de toros y comedias y te ríes muy bien de todo». También él busca ese consuelo a sus achaques: «El lunes, si Dios quiere, iré a ver los toros». Lo atestigua Moratín, desde Burdeos: «Goya dice que él ha toreado, en su tiempo». Lo recuerda Valentín Carderera: «Goya se transformaba los días de toros… Entablaba relaciones con los toreros de más nombradía, injeríase, identificábase con aquellas interioridades que más perfectamente revelan el carácter de sus héroes» (¡Cuánto debió de sufrir el «antitaurino» Goya al mezclarse con esa gente!). Lo corrobora su viejo criado Antonio Trueba: «En dos cosas era mi amo incorregible: en su afición a los toros y a las hijas de Eva».

Para informarse, basta con leer las cien páginas del estudio de Lafuente Ferrari en Los Toros de Cossío (tomo II), donde concluye: «Los toros cobran en la total obra de Goya una tal importancia que no cabe explicarla por ninguna razón histórica, sino por pura inclinación personal».

En su bicentenario, el Museo del Prado ha logrado la hazaña de añadir uno nuevo a la serie de Disparates. ¡Enhorabuena! Encaja bien, al lado del «Disparate ridículo» y el «Disparate bobalicón».