Cultura

Steve Lazarides, el fotógrafo de Banksy: "Sólo una vez han estado a punto de detenernos"

Steve Lazarides, el fotógrafo de Banksy:

Un chaleco fluorescente y unos conos de tráfico. Es todo lo que ha necesitado Banksy a lo largo de más de 20 años para marcar su territorio y dejar su estampa indeleble en los muros. «Con el chaleco y los conos puedes hacer lo que quieras, todo el mundo da por hecho que tienes permiso y no levantas sospechas».

Esto lo cuenta Steve Lazarides, el fotógrafo que fue la sombra de Banksy durante una larga década y que también hizo de agente, vigilante y cómplice en las expediciones nocturnas... «Sólo una vez estuvieron a punto de detenernos: fue en Nueva York, en el Distrito de la Carne, antes de que se pusiera de moda. Las transexuales que trabajan allí de noche pensaron que estaba haciendo una pintada homofóbica para intimidarlas y llamaron a la policía. Les faltó poco para pillarnos».

Lazarides acaba de publicar Banksy captured, un libro de fotografías -muchas de ellas inéditas- que «capturan» al artista en acción, casi siempre de espaldas. A veces de frente y con el rostro pixelado. Ocasionalmente vestido con un mono blanco, extendiendo las plantillas en el suelo o pegándolas a la pared como si siempre hubieran formado parte del paisaje urbano.

El fotógrafo y el artista interrumpieron su relación en el 2008. «Yo soy bipolar y él es obsesivo. Llegamos juntos lo más lejos que pudimos», explica Lazarides. «Seguimos en contacto por correo electrónico y por supuesto conté con su visto bueno para capturarle en un libro».

El fotógrafo buceó en un fondo de 12.000 instantáneas, casi todas de la era analógica. El libro, de 250 páginas, es seguramente el mayor acercamiento posible al artista en acción, aunque sin descifrar el enigma de su identidad. La tirada inicial de 5.000 ejemplares se agotó en cuestión de minutos; algunos ejemplares se venden ya en eBay a 700 euros. Las imágenes se pueden adquirir en edición limitada a través de la web banksycaptures.com, a 530 euros la unidad.

Lazarides empezó sus pinitos como fotógrafo documentando las subculturas y la escena underground británica. Fue así, en 1997, como llegó hasta Banksy por un encargo de la revista Sleaze Nation. Conectamos mentalmente porque yo también soy de Bristol y me crié entre grafitis», recuerda Lazarides a The Guardian. «Entonces era el arte de los desposeídos, de los que nunca recibieron una educación privada ni pisaron una galería».

Curiosamente, el fotógrafo abrió en Londres su propia galería, Lazinc, especializada en artistas callejeros como Invader, JR, Vhils o The Miaz Brother. Al cabo de dos años, decidió sin embargo echar el cierre: «En el fondo, odio el mundillo del arte. Acabé formando parte de él porque Bansky catapultó el arte callejero hasta la estratosfera. Fue una buena experiencia durante un tiempo, pero estoy contento de dejar atrás esa etapa y estoy listo para la siguiente».

Lazarides llama cariñosamente a su ex socio Matey Boy, pero se niega a identificarle ni a dar pistas. Sobre la identidad de Banksy podría escribirse casi otro libro. ¿Se llama realmente Robin Gunningham? ¿Es acaso Robert del Naja, del grupo Massive Attack? ¿O tal vez Jamie Hewlett, el ilustrador y cofundador de Gorillaz?

«Nunca diré quién es. Sería como decirle a un niño de cuatro años que Papá Noel no existe», advierte el fotógrafo. «Y si él mismo dijera quién es, nadie le creería. La gente pensaría: "Vale, tío, vale"».

Banksy captured revela los años «formativos» del artista, antes de su salto «a la fama y a la infamia», incluidas las navidades en las que decidieron alquilar una antigua tienda de porno en el Soho y covertirla en alegato antinavideño, con un Papá Noel ahorcado junto al reclamo: «Rechazad todos los iconos». Dentro de la tienda rebautizada como Santa's Ghetto, podían adquirirse pequeñas reproducciones de Banksy por 28 euros. Una de las obras de aquella época, Bomb Middle England, llegó a venderse en una subasta en Sotheby's por el equivalente a 115.000 euros 20 años después.

«Banksy no es anticapitalista en realidad», sostiene Lazarides, «pero su crítica social y política está ahí desde el primer día. Y lo que le hace ser el más grande es que es inmediatamente reconocible. Olvídate de Andy Warhol, olvídate de todos los demás, salvo quizás Rembrandt y Van Gogh. Estamos ante un genio».