Cultura

Soledad Sevilla: "La pandemia no me ha hecho cambiar el rumbo de mi trabajo"

Soledad Sevilla:

Con el punto de partida en la geometría, la artista Soledad Sevilla (Valencia, 1945) ha levantado un territorio que va de la cúpula celeste a las celosías, de la naturaleza al cálculo, de la línea a la emoción. De la pintura a lo tridimensional. Su camino, desde finales de los años 60, es una búsqueda que tanteando en mil espacios no ha dejado de ser coherente. Y esa expedición es uno de los aspectos que señala el jurado del Premio Velázquez 2020, convocado por el Ministerio de Cultura y dotado con 100.000 euros: "Su obra es reconocida por su reflexión sobre diferentes tradiciones y culturas artísticas, que abraza e incorpora al presente, siempre en la tensión entre naturaleza y arquitectura".

Soledad Sevilla comenzó su carrera artística en Barcelona, y en 1969 formó parte del reducido grupo de artistas vinculados al Seminario de Generación Automática de Formas Plásticas desarrollado en el Centro de Cálculo de la Universidad Complutense de Madrid. Ahí comenzó a desarrollar una pintura de raíz geométrica que no esquivaba un cierto lirismo, una lectura de las formas y los espacios con ráfagas de poesía. De algún modo, su trabajo continúa (en esencia) por esa senda.

Cuando recibió la noticia de la concesión del Premio Velázquez remataba una maleta para un viaje corto. "La primera sensación es de incredulidad", dice por teléfono. "Este es el Nobel de las bellas artes, así que estoy emocionada, feliz y algo desbordada. Entre tantos artistas excelentes que están trabajando a la vez me ha tocado a mí, así que tiene algo de lotería".

En 1993 recibió el Premio Nacional de Artes Plásticas y en el 2007 la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes. Su obra forma parte las colecciones del Museo Reina Sofía, el Künstmuseum Malmö, el Museo Marugame Hirai de Arte Español Contemporáneo de Japón, el Parlamento Europeo o de Patrimonio Nacional.

Ha residido en Boston y ha estado becada en la universidad de Harvard. Pero Soledad Sevilla mantiene el eco mediterráneo. También residió en Granada. Su obra tiene en la luz, en el estudio de la luz, otro de sus aliados. Y en las instalaciones algo más que un campo de pruebas. Más bien el lugar donde la pintura y el espacio generan una nueva realidad, una posibilidad de algo, un territorio de alcance por definir. "En eso el tiempo no ha modificado mi entusiasmo. Sigo con el mismo interés por mi trabajo", explica Soledad Sevilla. "Con la misma emoción, incluso. Voy cada día al estudio con una felicidad que no se agota. He trabajado mucho, pero también han llegado recompensas".

¿Y en la búsqueda que es su obra, qué disfruta más? "Es un conjunto de cosas. Desde llegar a la idea hasta lo imprevisto. Desde el desconcierto a la investigación de los materiales. Todo me interesa. He trabajado con neopreno, con metal con papel, con madera, con tela, con fotografía...". Pero el campamento base lo tiene en la pintura. "Es que para mí es el lugar de la introspección, del descubrimiento, de la demora. El espacio de la batalla, de la lucha y del encuentro".

Afuera, el presente es áspero, confuso, ruidoso, extraño. Soledad Sevilla ha pasado las mismas horas que antes de la pandemia en el estudio. Quizá alguna más porque se cancelaron los viajes. Pero este momento no ha modificado demasiadas cosas de su relación con el arte. "Sufro de ver sufrir, como nos sucede a todos. Y sufro por la incertidumbre.Y por aquellos que lo están pasando realmente mal... Pero estas cosas no me afectan como para variar el curso de mi trabajo", dice. "En esto soy muy fiel a mí misma. Aunque cuando me entero de la concesión de este premio y veo lo frágil que es todo alrededor, quizá tengo una cierta sensación de vergüenza. Todo va muy mal y de repente me llega a mí esta alegría... Un premio que aprecio mucho y me va a permitir vivir dos años más tranquila, aunque casi la mitad se lo lleve Hacienda".

Ella volverá mañana al taller. A lo de siempre, que suele ser cada día distinto.