Cultura

Ronnie Wood: retrato de un Rolling Stone y de todos sus excesos

Ronnie Wood: retrato de un Rolling Stone y de todos sus excesos

"Hay muchas estrellas de rock que parecen un cliché andante. Cuando los conoces son mucho menos interesantes de lo que pudieras suponer, porque viven en esa burbuja y no se dedican a mucho más que a satisfacer sus propios egos. Pero Ronnie Wood parecía diferente, entre otras cosas por ser alguien que además de hacer música, pintaba". Así resume por teléfono el cineasta británico Mike Figgis lo que le llevó a rodar un documental como Somebody Up There Likes Me, dedicado al más jovial de los Rolling Stones, un tipo enganchado a la música y a la pintura desde su adolescencia, pero también a todos los excesos imaginables y por imaginar.

La película, que en apenas 73 minutos condensa una manera de ser y estar en el mundo, forma parte de la programación del Festival InEdit 2020, que por primera vez se celebra íntegramente online y ofrece en su web hasta el 8 de noviembre 50 ejemplos de la variedad y calidad de un género al alza, el de los documentales musicales.

Figgis, que sabe mucho de retratar excesos, como ya hiciera en Leaving Las Vegas con las cogorzas que llevaron a Nicolas Cage a ganar un Oscar, se acerca a la sonrisa pícara y el espíritu de bon vivant de Ronnie Wood con la pretensión de ofrecer un recorrido sobre su vida y obra directo, sincero y honesto. Y lo consigue, empezando por su infancia en una familia de raíces gitanas en un suburbio de Londres, donde se sucedían las fiestas en las que se tocaba la armónica y el acordeón, se cantaba y se bebía hasta que se hacía de día. "Nunca sabías en qué jardín del vecindario iba a despertarse mi padre", dice Wood con su perpetua sorna.

Un momento del documental ';Somebody Up There Likes Me';.
Un momento del documental ';Somebody Up There Likes Me';.

Lo que sigue es un repaso que huye del relato cronológico y queda puntuado por actuaciones en directo, tanto de archivo como grabadas en la intimidad por la cámara de Figgis. Sobre sus inicios con The Birds, su fichaje para tocar el bajo en The Jeff Beck Group, la creación de Faces de las cenizas de Small Faces o su intermitente carrera en solitario no solo habla él, sino amigos y compañeros como Rod Stewart, Imelda May, el artista Damien Hirst, su mujer actual y, cómo no, sus satánicas majestades. "Cuando Ronnie llegó a los Stones en 1975", resume Figgis, "les ayudó a perfeccionar ese sonido del blues de Chicago tan característico, y creo que le recibieron con los brazos abiertos porque no iba a competir con Keith Richards, como sí lo hizo Mick Taylor, por ejemplo. Ronnie no era un virtuoso y se sentía muy cómodo tocando con Keith, porque su relación musical y de amistad venía de lejos. Ronnie incluso se parecía a ellos físicamente, parecían hermanos".

Su enorme influencia en los Stones, que por entonces parecían haberse decantado por una imagen más psicodélica y oscura, se dejó notar sobre todo en el escenario, donde impuso su "alucinante energía" y su sentido del humor. En la versión de When the Whip Goes Down que utiliza Figgis durante el metraje le vemos en acción, con un cigarro en la mano mientras va de un lado a otro del escenario sin dejar de tocar, amaga con darle una patada en el culo a Mick Jagger y pone en práctica lo que Richards y él llaman "el antiguo arte de tejer", intercambiando riffs y solos como una locomotora a punto de descarrilar.

Entre guitarras y pinceles, también hay hueco para las confesiones. "Al principio su gente me dijo: 'intenta no meterte en el tema de las drogas y los excesos', pero mientras hablábamos surgió el tema de manera orgánica", explica Figgis. Y ahí aparece Ronnie Wood, hablando sin tapujos sobre cómo todo tipo de drogas "le daban la sensación de invencibilidad" y "formaban parte de un ritual" del que, tras incontables entradas y salidas de rehabilitación, asegura mantenerse a salvo. Keith Richards lo explica a su manera: "Ronnie es duro de cojones. Como yo. Tiene un gran sistema inmune y un alto umbral del dolor".

Pese a las grietas que surcan su rostro, el pacto de Ronnie Wood con el diablo parece seguir en pie. Y eso que hace unos años le operaron de cáncer de pulmón y le quitaron un enfisema. "Es como tener una carta que pone 'queda libre de la cárcel'. Alguien allá arriba me quiere. Alguien ahí abajo, también", afirma quien se ha dado unos cuantos paseos por el cielo y el infierno. "En mi cabeza nunca envejecí más allá de los 29 años, así que tener 70 años (ahora 73) es surrealista, como estar en un cuadro de Dalí. Me siento engañado por el tiempo de alguna manera". Palabra de Rolling Stone.