Cultura

¡Por favor, que salga el gordo!

¡Por favor, que salga el gordo!

El tenor José Manuel Zapata rinde homenaje a Luciano Pavarotti, cuyo timbre «era el más especial e identificable de todos de los que existe prueba sonora»

Eran los inicios del maravilloso e irrepetible año 92 cuando un hecho concreto cambió mi vida para siempre. Acababa de cumplir la mayoría de edad y ya hacía unos meses que me había introducido, de la mano de una amiga, en el mundo de la música coral en Granada. Había sido un amor a primera escucha. En enero, mi mejor amigo me prestó una cinta VHS que contenía algo que a los «carrozas» de sus padres les encantaba y creía que era música de esa para «culturetas» que empezaba a gustarme. Me llevé la cinta a mi casa y me dispuse a verla junto a mi abuela Concha. Era un concierto con una orquesta enorme. En primer lugar salió un cantante con, digamos, mala cara, que cantó una canción muy bonita que ni yo ni mi abuela conocíamos. ¡Me gustó mucho! Era José Carreras. Después salió Plácido Domingo, al que sí conocíamos, cantando tangos y boleros y también nos encantó. Justo después salió un señor gordo con un pañuelo blanco... Y ahí... ahí se paró el tiempo. Cantaba «Recondita Armonia». ¡Ni idea! ¡Primera vez! Cuando el simpático gordo salió del escenario mi abuela y yo nos miramos y sin hablar una palabra nos pusimos a aplaudir como locos, como si nos escuchase. Ya no queríamos ver a los otros dos. ¡Solo queríamos que saliese Pavarotti!

Ese vídeo era el del concierto que los Tres Tenores interpretaron en la clausura del Mundial de Italia de 1990 (donde, por supuesto, quedamos fatal como siempre, hasta el «Iniesta de vida»). Aquel día, que yo descubrí con casi dos años de retraso, el tenor más grande que ha dado la historia grabada del canto, introdujo el tan «culto» arte lírico en las casas de todo el mundo. Y el mundo se emocionó.

Esta última afirmación es difícil de refutar. En cambio, la de la grandeza del de Módena me la discutirá mucha gente porque en esto de la ópera hay mucho «Madrid-Barça», y para muchos «Big» Luciano era inferior a Kraus o a Volpi o a Caruso o a la madre del cordero... Pero lo que es indiscutible es que el timbre que poseía Pavarotti es el más especial, extraordinario e identificable de entre todos de los que hay prueba sonora. Y que el ser humano que se adueñó de la marca Tenor para siempre fue él. Tenor=Pavarotti

Gracias maestro por cambiar mi vida. No sabes cuánto te echamos de menos por aquí.