Cultura

Otra noche para admirar a Marianela Núñez

Otra noche para admirar a Marianela Núñez

Con las 1.500 butacas llenas, el Palau de les Arts de Valencia ofreció el sábado la V Gala Somos Danza que respalda la Fundación Hortensia Herrero y que en esta edición ha tenido como gran protagonista a Marianela Núñez, magnífica en El corsario con que clausuró la noche.

Junto a ella, brillaron también Maia Makhateli y Marlen Fuerte, con sus respectivos y opuestos cisnes, y Elisa Badenes, en Romeo y Julieta, dentro de una noche abrazada con clamor por un público ávido por ver ballet clásico, entre el que había numerosos niños.

La argentina estrella del Royal Ballet demostró una vez más que es una de las grandes reinas del ballet mundial, distinguida siempre por su elegancia en ejecutar de forma precisa cada coreografía que interpreta. Junto a Alexander Jones, bailarín principal del Ballet de Zúrich, Núñez ofreció su técnica límpida y acariciada por su maestría, con una ejecución perfecta de los famosos fouettes finales.

Antes, esta gran bailarina que hizo históricas sus actuaciones de El lago de los cisnes del Royal Ballet en el Teatro Real, en julio, se había entregado a la sensualidad del dúo de Julio López, Kicho, junto a su pareja en la vida real, el recién retirado primer bailarín del Teatro Colón de Buenos Aires, Alejandro Parente, dejándose seducir por la música de un Astor Piazzola siempre desafiante en sus cambios de ritmo.

También la valenciana Elisa Badenes, primera bailarina del Ballet de Suttgart, recibió el aplauso de los suyos. Acompañada de Friedemann Vogel, ofrecieron el paso a dos de la escena del balcón de Romeo y Julieta, en versión coreográfica de John Cranko, de quien también interpretaron Legende. Badenes bailó con el brío y la ilusión con que el maestro perfiló el personaje de Julieta, alternando sus giros y arabesques con desplazamientos desbordantes de energía que compartío con un Vogel muy principesco.

Maia Makhateli, figura del Het National Ballet de Amsterdam, estuvo felina en su cisne negro, junto al distinguido Artur Shesterikov, creciéndose a medida que avanzaba este famoso paso a dos de alardes técnicos e interpretación a lo mujer fatal. También estrenaron Replay, una pieza neoclásica-contemporánea muy bella, de líneas elegantes y mejor vestida, coreografía del director de la compañía holandesa, Ted Brandsen, sobre uno de los temas de Philip Glass de la película Las horas.

La directora de la gala, Gema Casino, invitó también a la ahora primera bailarina del Ballet de Niza, la cubano-española Marlen Fuerte, quien hasta antes del verano ha sido figura del Ballet de Víctor Ullate. En la segunda parte, interpretó La muerte del cisne con majestuosidad y una distinción contemporánea proporcionada por su altura y largas piernas, con la música en vivo de Luisa Domingo, al arpa, y Salvador Bolón, al violoncello. En la primera, recreó el solo de Samsara, de Ullate, desenvolviéndose airosa entre los grand developpés y los trepidantes giros.

Desde el Ballet de la Ópera de Dresden vino invitado Jon Vallejo, excelente en el solo Come again, coreografía del español Goyo Montero, director del Ballet de Núremberg, como antes en el dúo The four seasons, de David Dawson y junto a Zarina Stahnke. Vallejo demuestra manejar la energía con inteligencia, además de ser un bailarín muy técnico.

Con la coreografía Transcription of color, el español Juanjo Arqués subrayaba su apego por el dibujo coreográfico y el cambiante punto de vista. La pena es que se cayó en un salto el sueco Vilhelm Bjersér, rompiéndose tibia y peroné, según supimos luego. Pero su discreción arrastrándose fuera del escenario hizo que sus compañeros Kristina Ryumshina, Mikhail Kirshin, Luke Hayward y Azamat Ishkin, continuaran bailando sin, aparentemente, grandes problemas por su falta.