Cultura

Ocho orejas en el primer festejo de luces de la nueva normalidad

Ocho orejas en el primer festejo de luces de la nueva normalidad

Los novilleros Rafael González y Álvaro Alarcón triunfaron con una novillada de Alcurrucén en el coso toledano de Torrijos

Ocho orejas se cortaron en la novillada picada celebrada en la localidad toledana de Torrijos, en el primer festejo de luces de la nueva normalidad, y en el que los novilleros Rafael González y Álvaro Alarcón pasearon cuatro y tres apéndices, respectivamente.

Durante el angustioso periodo de confinamiento hubo varias voces que reclamaron la vuelta a las raíces de la Tauromaquia, abogando por «devolver» los toros al pueblo, impulsando la celebración de festejos taurinos en las localidades de menor población. Solo así, declaraban, se podrá volver a difundir la afición desde una base que se antoja imprescindible para la supervivencia de este espectáculo.

Entre aquellas voces estaba la de José Luis Lozano, una de las cabezas más preclaras del entramado taurino de los últimos cincuenta años. En Torrijos han lidiado la primera novillada, con un rejoneador por delante.

El aspecto de los tendidos no distó demasiado del habitual en una tarde anterior al estado de alarma, aunque la distancia entre espectadores fue algo mayor de lo usual y las mascarillas tuvieron presencia en el callejón y tendidos.

Un Rafael González sobrado pudo mostrar dos caras complementarias de su tauromaquia; la más pausada y de mayor elegancia con el buen segundo, al que despenó de una gran estocada, y otra de entrega más aparente en el reservón quinto, que figuraba como sobrero pero que saltó al ruedo al morir el titular en el chiquero. Como curiosidad apuntamos que se negó a pasear la oreja concedida por el palco.

El local Álvaro Alarcón jugaba en casa, pero ello no es óbice para afirmar que pegó los mejores pases de la tarde, sobre todo con la mano izquierda frente al magnífico tercero (que fue mejor que el segundo). Aunó garbo en su primero y garra en su segundo, en un despliegue de algunas de las cualidades que debería mostrar todo novillero que de verdad quiera llegar a su meta.

El rejoneador Martín Burgos se las vio con un lote áspero que tan solo le permitió mostrar ganas, fallando con el rejón de muerte repetidamente.