Cultura

Nadie quiere a Berlanga

Nadie quiere a Berlanga

Aunque pueda sonar duro, la subasta de la biblioteca erótica del cineasta ha quedado desierta. En efecto, a eso de las seis de la tarde, bajo el gráfico título de El infierno de Berlanga, el lote número 309 encontraba una adjudicatario. La descripción de catálogo reza: "Colección de casi 3.000 libros de temática galante, erótica y pornográfica. Ediciones francesas, españolas, alemanas e inglesas de los siglos XIX y XX. Se incluye también diversos objetos acordes con el carácter de la biblioteca como cuatro muñecas tipo Barbie con indumentaria bondage; 2 parejas de esposas metálicas y un cinturón de castidad".

Berlanga confesó padecer un terror vaginal a las mujeres. Así lo cuenta Josefina Molina en su discurso de ingreso en la Academia de Bellas Artes de San Fernando. Bajo el título Misoginia y feminismo en el cine de Berlanga, la directora repasa la relación entre el cineasta y su objeto-sujeto de veneración. Y de espanto. Contaba Molina que la primera vez que se vio cara a cara con Berlanga, éste le preguntó si le molestaba que las mujeres fueran consideradas objetos eróticos. La pregunta formaba parte del cuestionario para ingresar en la Escuela de Cine y quizá, mucho antes de ese monumento al fetichismo que fue la película Tamaño natural, en esta anécdota, culpable e inocente a la vez, se pueda atisbar aunque sólo sea un indicio de la clave escondida -entre la provocación, la duda, la broma y la impertinencia- de la afición confesa y pese a ello inconfesable, tan pública como prohibida, del genio valenciano.

"Hemos querido que la colección se mantenga unida", comenta José Luis García Berlanga, hijo del cineasta. El heredero prefirió no estar presente en la puja. "Más que nada por no exhibir demasiado la decepción de no haberse vendido". Recuerda que la afición de su padre y director de la colección erótica La sonrisa vertical nunca fue secreta, que en su casa se hablaba con toda naturalidad de sexo y que, pese a ello, toda la colección que ahora se vende siempre estuvo a buen recaudo y bajo llave lejos de cualquier mirada que no fuera la del propio cineasta. "En una ocasión le acompañé a una librería en Nueva York, en la avenida Broadway. Y el ambiente que rodeaba a los coleccionistas de joyas bibliográficas sobre el asunto como él se parecía mucho al de los bares clandestinos en la época de prohibición. Entrabas por un puerta casi secreta y tenías que acceder con un carnet. Era muy divertido".

No en balde, Berlanga compartía afición con coleccionistas ilustres como el fotógrafo que mezclaba el semen con el líquido de revelado Pierre Molinier. Y aunque su pasión encontraba en lo libresco el consuelo necesario, su gusto fetichista se inclinaba más por el pie femenino, el tacón y el bondage¿Por qué nunca hizo cine erótico? "Se lo ofrecieron en varias ocasiones, pero él lo rechazó. El erotismo formaba parte de esfera privada. Él era muy disfrutón, pero nada más". Y se ríe.

En la conferencia de Molina se lee: "El universo femenino, como él dice, le da pavor, le estremece. Nadie le quitará nunca de la cabeza que la mujer es un ser superior, tanto biológica como intelectualmente, y para referirse a ellas utiliza siempre el mismo adjetivo, IN-DES-TRUC-TI-BLES. Las mujeres son odiosas en tanto en cuanto sobreviven siempre al hombre". Era esto quizá.