Cultura

Limónov «vive», la guerra sigue

Limónov «vive», la guerra sigue

Se publica una antología en español de los «mejores relatos inéditos» del escritor y político ruso tras su muerte el pasado 17 de marzo

«¿Cómo vivir sin confiar en nadie? Ese es el Gran Secreto, el Enigma de la Esfinge, el misterio más profundo de la vida», se pregunta Eudard Limònov en «El hombre sin amor» (ed. Fulgencio Pimentel), antología póstuma de relatos del escritor ruso y cuyo ratio por página de escenas turbias, observaciones macarras e independentismo de la paz es de nota.

En otro cuento anti-moral, nuestro artista punk está invitado a un guateque de clase alta en París, y, como la nobleza limonoviana obliga, acaban exigiéndole que se largue entre tambaleos ebrios tras haber tratado de ligar con unas alemanas con la clásica pregunta rompecorazones: «¿Qué opinión os merece el Führer?». Luego se indigna por «esa banalidad aldeana de decir que Hitler era un monstruo». Pero también es un hombre con cintura, y tantea: «¿Y Gadafi, eh? ¿Qué me decís de Gadafi?».

[ La última entrevista de Limònov con ABC]

Le reacción a estos relatos semibiográficos de vibrante ritmo no es fácil de calibrar, pues el que fundara el Partido Nacional Bolchevique (un engendro entre fascista y comunista) juega siempre fortísimo. Aparte de su posterior destape imperialista o racista, aquí se atisba una clara gerontofobia y relación amor-odio-migoginia con las mujeres, con perlas con las que «el hombre sin amor» buscaba incendiar las redes antes de existir Twitter («El poder femenino es sentirse deseada» o «Para una mujer el sexo es una rama ofensiva y defensiva, como el cuerno para el rinoceronte, los colmillos para el elefante o los dientes y las zarpas para el tigre»).

Tampoco colaboran ciertos malabarismos que pueden escandalizar al que vaya con ganas o repugnar («Tengo necesidad de novedades... ¡Siempre! Mi ideal en cuestiones de sexo ahora es una chiquilla. Antes me bastaba con "amigas" pero ahora lo que necesito es una "hija" (y con poco pecho, para darle un matiz más pederástico) o, en el peor de los casos, una hermana pequeña. ¡Y no una madre, ni una patrona, ni un monstruo épico de la Sumeria Antigua»). En realidad también, el escritor autonombrado Limònov (un juego con limón y limonka, que es granada, bomba de mano) se ríe mucho de sí mismo y hace reír con sus fanfarronadas, fuerza extravaganes aventuras para poder escribírnoslas y todo, en conjunto, es una novela sobre la pobreza y la determinación para no ser alguien del montón.

Esta recopilación de inéditos en España se preparó pocas semanas antes de su muerte el pasado 17 de marzo, y pretende ofrecer sus «mejores relatos», escritos en París entre 1985 y 1992, y que recogen sucesos vividos entre el 77 y el 87 en localizaciones de todo el mundo. Y es que el poeta maldito que volvió inmortal Emmanuel Carrère «confía más en sus peripecias que en la imaginación», según cuenta Tania Mikhelson, la autora de un minucioso apéndice y que lo emparenta en este aspecto con Tolstói («Avergüenza escribir acerca de todos esos hombres y mujeres que nunca existieron»). Habría que hablar también aqúi de Aída Nízar, con quien comparte el autor ruso el gusto por mostrarse a sí mismo en tercera persona. Una maniobra casi coherente para un escritor que «en envidia superó a todos sus rivales» y que, sobre todo, padecía fobia al anonimato de una vida normal.

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