Cultura

Leopoldo María Panero, el poeta maldito español, por fin podrá descansar

Leopoldo María Panero, el poeta maldito español, por fin podrá descansar

Tras cinco años de contiendas legales, sus primos depositaron hoy sus cenizas en el panteón familiar de Astorga

Para el poeta Leopoldo María Panero (Madrid, 1948-Las Palmas, 2014) el epitafio «requiéscat in pace» no se ha cumplido en absoluto. Su malditismo, incluso póstumo, ha evitado que desde hace cinco años halle paz alguna. Hoy, tras tediosas disputas legales de la familia con la Audiencia Provincial de Las Palmas, sus cenizas han sido depositadas en Astorga (León), raíz de toda su familia.

El 5 de marzo de 2014, Panero murió en el área de salud mental del Hospital Rey Juan Carlos I de Las Palmas de Gran Canaria, donde pasó los últimos diecinueve años de su vida. La institución decidió incinerar su cadáver, a falta de familiares cercanos que le quedaran al poeta: sus padres y hermanos habían fallecido ya. Pero aún le quedaban sus primos –María del Rosario Alonso Panero “Charo”, Odila García Panero, Paulino Alonso Panero, Juan Alonso Panero y Marisa Alonso Panero– que reclamaron dichas cenizas al hospital para poder llevarlas a la localidad legionense.

Charo declaró en una entrevista a Efe el «desagradable periplo judicial» al que se tuvieron que enfrentar y no comprendía por qué, en lugar de avisar de la muerte del poeta a su editor, no les habían avisado a ellos. «La asistente social del sanatorio nos dijo que teníamos que atestiguar que éramos familia y esperar a que el juez dictaminase quiénes eran los herederos legales de Leopoldo María», declaró Charo en la misma entrevista.

El año pasado, finalmente, los primos consiguieron demostrar que eran familiares de Panero –al que no hay que confundir con su padre, también poeta, Leopoldo Panero– y la Audiencia les otorgó la posesión legal de las cenizas.

Lo más interesante es que, junto a estas cenizas, el juzgado les ha otorgado gran cantidad de textos inéditos del autor, los cuales Charo aseguró que tenía intención de editar y publicar para, más tarde, donar el dinero conseguido a la Asociación de Amigos Casa Panero de Astorga, que verá su reconversión en un museo el próximo año.

Panero vivió al borde de un abismo constante. Debido a su militancia antifranquista, tuvo que visitar la cárcel en alguna ocasión. Este hecho, junto a su coqueteo con el alcohol y la heroína, desencadenó una esquizofrenia en el poeta, lo que le llevaría a convertir su poesía en un grito de auxilio y resistencia. La lucha titánica contra la enfermedad le impidió desarrollar la normalidad, por lo que pasó hospitalizado muchos años.

Utilizó la poesía para narrar, básicamente, su camino vital. Un camino que flirteó al principio con el hippismo y el rock and roll y que acabó de la misma forma, tal y como quiso el poeta maldito español: «Baila hasta que la muerte te llame / y diga suavemente entra / entra en el reino del rock and roll». «Requiéscat in pace».