Cultura

"Leonard Cohen hablaba de Dios como si hablara de sexo y viceversa"

La poesía de Leonad Cohen está más viva que nunca en su disco póstumo, titulado Thanks for the dance, una obra que acaba con el leve aleteo de un pájaro: Escuchad al colibrí/ cuyas alas no podéis ver/ escuchadle a él/ y no a mí...

Escuchamos también a su hijo, Adam Cohen, que produjo el último álbum en vida de del maestro (You want it darker, 2016) y que recibió un personalísimo encargo final: «Puede que me espere una segunda vida, no lo sé. Pero no quiero apegarme a una estrategia espiritual. No me importa eso. Tengo trabajo por hacer. Tú cuida del negocio, hijo, yo estoy listo para morir. Espero que no sea muy incómodo».

Y eso hizo Adam: primero publicó en 2018 su última colección de poemas y letras, La llama. Y luego permitió que sus canciones postreras fueran creciendo con la colaboración de sus músicos de cámara, como el aragonés Javier Mas (guitarra y laúd) o la cantante Jennifer Warnes. Poco a poco se fueron uniendo Beck, Bryce Dessner de The National, Richard Reed Parry de Arcade Fire, el coro Shaar Hashomayim o el Cantus Domus berlinés (con la mano milagrosa de Michael Chaves en la sonorización y en las mezclas).

«Leonard está aún entre nosotros, hablándonos directamente», atestigua su hijo Adam. «Esa es la sensación que tuve mientras producía el disco, como si estuviera a merced de fuerzas externas, como si una mano me dirigiera por control remoto. Y ese es el efecto que queríamos lograr entre todos, que su música siguiera palpitando, que pudiera interpretar estas canciones como si le escucháramos en la intimidad o en uno de sus conciertos, cuando se quitaba al final el sombrero, se lo ponía en el pecho y le decía a la audiencia 'Gracias por mantener mis canciones vivas'».

Reposando al final/ las cuentas del alma/ esta para la basura/ esta valió por todas... El último Leornard hace un repaso a la vida en The goal, el tema de avanzadilla al álbum que verá la luz el 22 de noviembre. Su voz recita más que canta, pero hay en ella un aire más de celebración que de letanía.

En el ocaso de sus días, el maestro quiere tener muy cerca a Lorca, siempre Lorca. «Recuerdo que cuando éramos pequeños nos leía sus poemas y siempre estuvimos de alguna manera imbuidos por su espíritu», recuerda Adam. «Mi hermana se llamó Lorca en homenaje a él, y en casi todos sus álbumes hay un guiño a su poeta predilecto».

El álbum Thanks for the dance, que saldrá a la venta el próximo día 22, no podía ser menos, y ahí tenemos el tema The night of Santiago, inspirado por el poema La casada infiel, con la guitarra aflamencada y la voz de la catalana Silvia Pérez Cruz, poniendo el contrapunto a su voz de barítono: La noche de Santiago/ como yo pasaba por allí/ decidí llevarla al río/ como haría cualquier otro hombre/ Me dijo que era virgen/ aunque no es eso lo que oí/ pero no soy la Inquisición/ y di por buena su palabra...

Adam Cohen entorna los ojos e intenta rememorar a su padre en su último rapto lorquiano... «Era un hombre en la plenitud de sus facultades creativas, con una devoción monástica por su trabajo, como cuando se levantaba en plena madrugada a escribir y reescribir, en soledad y en silencio, mientras nosotros dormíamos. Yo hablaba mucho con él, de una manera muy clara y directa, y eso me permitió saber lo que él quería y lo que no quería, ser fiel a su espíritu».

Fue siempre trabajo duro/ pero nunca lo llamé arte/ fue para financiar mi depresión... escribe Leonard Cohen en Happens to the heart, la canción que abre el álbum y que marca el tono. «Mi intención ha sido reconciliar su voz grave y profética con un espacio orgánico y acústico, como hicimos en You want it darker», explica Adam Cohen. «Si mi padre hubiera estado vivo, seguro que habría luchado conmigo hasta imponer su criterio, pero creo que le habría gustado el minimalismo que hemos alcanzado como contrapunto a su voz».

Gracias por el baile/ Fue el infierno, fue genial, fue divertido/ Gracias por los bailes/ uno, dos, tres, uno, dos tres... Thanks for the dance tiene algo de doble homenaje a Take this waltz y Dance me to the end of love, los dos clásicos de Leonard Cohen, que suenan mentalmente como telón de fondo en esta escucha intimísima en el Spiritland de Londres, con Adam Cohen como telonero: «El sabía dónde poner exactamente cada sílaba. El sabía hablar de Dios como si hablara del sexo, y viceversa. El quería en el fondo que nos lleváramos a casa y que no sintiéramos su ausencia».