Cultura

Leiva: «Las redes sociales han hecho que se pierda el mito del artista»

Leiva: «Las redes sociales han hecho que se pierda el mito del artista»

Publica este viernes «Nuclear», y actuará el 29 y 30 de junio en el WiZink Center

Cuando Leiva y la actriz Macarena García se separaron (temporalmente: ahora parece que todo va bien), la prensa rosa y la no tan rosa trataron desesperadamente de obtener una confirmación, un desmentido, una declaración, algo. Ninguno de los dos entró en el juego, y él decidió transformar toda aquella rabia y desamor fugaz en arte. «Yo no estaba exactamente mal cuando pulsaste el botón nuclear. Andaba demasiado desquiciado, nada fuera de lo normal. Si la mitad de nuestros dramas fueran de verdad, no habría nada que nos pudiera salvar», canta en «Nuclear», la canción que da título al nuevo disco que publicará este viernes, y que parece expresamente dirigida a quienes los paparazzi llamaban su «fan número uno». No nos entrega el madrileño un disco de separación, pero sí un álbum temático. O conceptual, como se dice en el negocio, ofreciendo una mirada interior hacia todas esas reacciones químicas que pululan descontroladas por nuestro cerebro, esperando su turno para explotar en actos de amor, compasión, despecho o furia.

El disco comienza hablando de la rabia que da perder algo que sabías que era bueno.

Sí, habla de la rabia que da no poder compartir un buen momento con quien más te apetece, de la impotencia ante esa pérdida.

Pero después las canciones recorren todos los ángulos y colores que puede haber en la relación entre dos personas.

Es un disco donde no dejo tan patentes los precipicios. Estoy hablando de nuestra forma de relacionarnos, de cómo te relacionas con tu compañero o tu compañera de vida, y de la necesidad que tenemos de tener un compañero, en el sentido romántico o sentimental. El disco habla de las idas y venidas en una relación con una compañera de camino.

El doble sentido de la palabra «nuclear» era perfecto, claro.

Sí, por eso no lo dudé cuando surgió. Tiene el sentido de algo central, y de algo destructivo. Hace unos meses escuché que en Filipinas (se refiere a Hawai) un tipo había pulsado un botón nuclear por error y le llegó un mensaje a toda la población: «Métanse en sus hogares, que viene una bomba nuclear». Me pareció tan flipante que un botón nuclear estuviera al alcance de un ser humano, que seguí tirando de ese hilo.

Hablando de romanticismo, hay un regalo muy especial para los que compren el disco en formato físico: las demos de las canciones grabadas con su teléfono móvil.

He estado inmerso en un proceso compositivo muy obsesivo, y al empezar a ver la lista de canciones que tenía grabadas en el móvil, me pareció bonito explicar dónde comenzó todo. En estos tiempos en los que exponemos nuestra intimidad constantemente, la idea me resultó curiosa. Me parece bonito desmitificar el arranque de las canciones, mostrar sus imperfecciones. Lo he hecho pensando como fan, porque a mí me encantaría escuchar esas notas de voz de mis grupos favoritos. Es un premio para los románticos que todavía se desplazan hasta una tienda y se gastan el dinero que no tienen en un disco. Para escucharlo, pero también para olerlo, tocarlo, quererlo. Queda poca gente así.

¿Es bueno que la relación rockero-fan esté basada en el mito? ¿O una relación así tiene doble filo?

Las redes sociales han hecho que se pierda el mito, la ilusión que generaba no saber dónde estaba un artista, cómo hacía las cosas. Al subir a un escenario hay que generar ilusión, mito. Pero para mí, la clave es que fuera del escenario hay que saber manejalo con humor. Si no, al final se te ve el pelo.