Cultura

La segunda muerte de David Prowse, el padre biológico y olvidado de Darth Vader

La segunda muerte de David Prowse, el padre biológico y olvidado de Darth Vader

Pocos mitos tan irrenunciablemente eternos y hasta populares como el de la inveterada costumbre de ciscarse, o solo matar, al padre. Si Kafka, con la inestimable colaboración de Sófocles y del mismo Freud, lo convirtió en el más brillante y, a su modo elitista, de los géneros literarios, George Lukas fue el encargado de popularizarlo hasta su extremo universalmente galáctico. Hay una tradición entre los seguidores de la saga, con The People vs. George Lucas (2010) como paradigma, de responsabilizar al creador de tantas horas de placer de lo peor. Suena contradictorio y, en efecto, lo es. Pues bien, en este paradójico galimatías pop, el papel de víctima suprema (o una de ellas) sigue siendo sin duda para David Prowse, el primer actor que dio vida a Darth Vader y que fue condenado al más duro de los olvidos de manera casi miserable.

El hombre, imponente con sus casi dos metros de altura, murió el sábado a los 85 años y en la elegía triste de todas las muertes la suya se antoja aún más triste. Como si muriera por segunda vez. O tercera. O cuarta incluso. La historia es conocida y los directores Toni Bestard y Marcos Cabotá se encargaron de recordarla y pasarla a limpio de manera notable en la película I am your father, de 2015. Lucas se fijó en él por su tamaño, el físico. Y, en un gesto quizá cruel, le aplastó su orgullo hasta el enanismo. Sabemos por la película citada y la literatura anterior a ella adherida que Prowse era un tipo afable, charlatán y facundo. Y lo que en cualquier otro escenario y momento habría sido una virtud, en una saga en la que el secretismo y la paranoia formaban parte del guión acabó por ser una condena. Nadie en el set de rodaje confiaba en su nula capacidad para tener la boca cerrada.

El que fuera Darth Vader después de probar incluso el traje de Chewbacca y que mucho antes había sido culturista amante del músculo de la buena vida se quedó literalmente de piedra cuando asistió atónito a un doble castigo que ni en el peor de los sueños habría imaginado. De repente, su voz pulida y con un inconfundible acento británico fue sustituida por la mucho más profunda de James Earl Jones y su rostro en la escena mítica entre las escenas míticas fue cambiado por el de Sebastian Shaw. Sí, la única vez que en la primera trilogía de la saga se ve al moribundo Dath Vader sin casco allí no hay rastro del rostro del que a la largo de las tres películas había soportado la incomodísima armadura completamente negra. Es o no para cabrearse con el padre.

Bestard y Cabotá levantaron acta de ese acto como mínimo infame. O sólo curioso, según se mire. A su manera, David Prowse recuperó el honor mancillado y, lo más importante, el certificado de nacimiento en el que quedaba claro que el hijo biológico, el legítimo, el único, era él. Y con esa gloria se fue el sábado. Bien es cierto, que él pasó media vida firmando autógrafos (vendiéndolos mejor) en cuanta concentración de fans se produjera en el mundo, pero siempre arrastró el peso de ser el vástago despreciado por el padre que se tuvo que enterar en la misma sala de cine de la traición. En efecto, nadie le dijo nada nunca. Ni en el propio estreno de El retorno del Jedi.

Antes de iniciar su carrera en el cine, Prowse llegó a representar a Inglaterra en la modalidad de levantamiento de peso en los Juegos de la Commonwealth a comienzos de la década de los 60. Fuera de Star Wars, Prowse debutó delante de las cámaras en la parodia de James Bond de 1967 Casino Royale, donde hizo de criatura de Frankenstein. También apareció regularmente en varias series de televisión como The Saint Space (1999) y Doctor Who, en la que hizo de minotauro, en 1972.

Y así hasta que en 2020 murió convencido de ser el hijo con más derecho que ninguno a odiar a su padre al que, en efecto, le debía tanto, quizá todo.