Cultura

La «risastencia» de María Cañas

La «risastencia» de María Cañas

TEA-Tenerife desmenuza el gusto por el collage visual de la artista andaluza

Tras apropiarse de un verso de Walt Whitman para el título de la muestra, María Cañas (1972) -la Mary Shelley de Sevilla- presenta en el TEA de Tenerife toda una serie de obras elegidas cuidadosamente que van desde sus conocidas «Holy Thriller» (2011), «Sé villana. La Sevilla del Diablo» (2013) o «La mano que trina» (2015), hasta nuevas producciones como «No ni ná» (2019) y «Padre no nuestro» (2019). Como es habitual en su trabajo, la artista centra su discurso en la apropiación y resignificación de nuestra memoria e imaginarios, en la remezcla de imágenes y en el canibalismo iconográfico, fiel a la línea «guerrillera» y mordaz que ha ido modelando a lo largo de sus veinticinco años de activismo comprometido con la idea de cultura como construcción colectiva.

La exposición ha sido articulada o dividida en cinco bloques o conceptos: el mestizaje cultural; el feminismo y la situación de la mujer; el empleo y abuso de las nuevas tecnologías; la usurpación de imágenes y la reflexión sobre el medio cinematográfico. A través de su característico collage visual salvaje y bizarro, Cañas hilvana con soltura todas estas ideas, recurriendo además a una sucesión de elementos propios como el uso de una gramática cercana y popular, la tauromaquia, la religión, el folclore, la cultura pop o su amor y odio hacia los mártires, los antiguos y los nuevos.

Un apartado sumamente importante dentro de la muestra corresponde al suceso vivido por la artista, cuando en 2017, por encargo del Festival de Cine Europeo de Sevilla, diseña el cartel de su 14ª edición. La andaluza escogió la efigie central del mismo de un banco de imágenes libre de derechos de autor y sin referencia al artífice de la misma. Las redes sociales empezaron a incendiarse con acusaciones de plagio, ya que la pintura rescatada por Cañas procedía de Walter Popp, dibujante norteamericano que empleó esa misma ilustración para la portada de «Fantastic Story», revista de los años cincuenta de ciencia ficción.

Las iniciales recriminaciones públicas dieron paso a insultos, injurias, amenazas y, finalmente, a la apropiación de la propia imagen por parte del público para la creación de nuevas representaciones cargadas de ironía. Se convirtió en un archivo popular orgánico con la capacidad de mutar y reproducirse, provocando un interesante debate en torno a la soberanía y liberación de las imágenes, a los límites de la propiedad intelectual, la copia, la difamación y al «ciberchisme». La artista exhibe la atmósfera de crispación vivida en las redes, la sobreinformación, la confusión, la facilidad de demolición desde la distancia y, sobre todo, la «risastencia» (como así lo llama Cañas), el «ciberdislate» y el poder del «meme» y del arte en la sociedad del siglo XXI.

Cañas ha cogido un caldero y ha introducido en él toda una ristra de «vómitos satíricos» recuperados de internet, vídeos, textos y la publicación «Historia de un cartel», publicada por la editorial Los Doscientos. También ha metido humor de todos «los colores», a Michael Jackson, pensamiento crítico y mucho fuego, tanto del que quema como del que purifica. El resultado es denso, no apto para aquellos que tengan poco tiempo, pero perfecto para entender el particular mundo de esta creadora de monstruos posrománticos y devota de la carcajada de la hiena.