Cultura

La casa de las «Rimas» de Bécquer

La casa de las «Rimas» de Bécquer

Juan Carlos de Lara, al más puro estilo detectivesco, identifica en «El balcón de las golondrinas» el lugar exacto que inspiró los versos del poeta

Nadie pone en duda desde hace tiempo que la poesía española contemporánea hinca sus raíces en la producción lírica becqueriana, y que las «Rimas» del vate sevillano son el pistoletazo de salida de una nueva sensibilidad que continuarían Rubén Darío, Juan Ramón Jiménez y los Machado y se prolongaría en la Generación del 27 y en las posteriores, dando forma y sentido a las distintas ramas poéticas de un único árbol fundacional. De ahí que todo lo que rodee a la figura de Bécquer, tanto en su aspecto biográfico como en el puramente literario, tenga tanta importancia para los estudiosos de nuestra literatura y para el público culto en general. Por eso, la aparición de un libro como este de Juan Carlos de Lara ha supuesto una auténtica conmoción en los estudios becquerianos. Tenía que ocurrir así, pues no todos los días se descubre, demostrándolo de forma fehaciente, la casa que fue escenario de las «Rimas» y que poseía el balcón donde volvían las oscuras golondrinas «sus nidos a colgar».

Esa casa, que se creía desaparecida tras la construcción de la Gran Vía madrileña, se salvó de ser demolida y se yergue hoy en el número 5 de la calle de los Libreros, antiguamente números 21 y 23 de la calle de la Justa, residencia de don Joaquín Espín y Guillén y su familia. Era este caballero un músico de renombre que celebraba en su casa veladas musicales y literarias que frecuentó Gustavo Adolfo entre 1859 y 1860, y donde se prendó de una de las hijas del propietario de la vivienda, Julia Espín. Sin ella no hubiesen existido las «Rimas», mayoritariamente inspiradas por el amor imposible que esta hermosa muchacha que cantaba como los ángeles inspiró a un joven Bécquer recién llegado a la capital.

Terremoto amoroso

La investigación, digna de Sherlock Holmes, que ha llevado a cabo el poeta y profesor onubense Juan Carlos de Lara no alberga el menor resquicio para la duda, y puede seguirse paso a paso, perfectamente desarrollada en palabras e imágenes para la ocasión, en el libro que Ediciones Alfar ha editado.

En él se nos desvela uno de los mayores misterios de la literatura española: la ubicación exacta del balcón más célebre de nuestra lírica contemporánea. Un balcón -o balcones- en el que anidaban supuestamente las golondrinas de Gustavo. Por tanto, y junto a la adquisición de los álbumes de Julia Espín por la Biblioteca Nacional durante mi mandato como director de la misma, esta identificación de la casa de las golondrinas representa un hallazgo importantísimo para acreditar un hecho igualmente fundamental: la organización de aquellas veladas musicales y literarias que supusieron tanto para nuestras letras románticas y suscitaron en el corazón del joven Bécquer un terremoto amoroso lo suficientemente devastador como para convertirlo en el padre de la lírica española contemporánea.