Cultura

Juliette Gréco y Miles Davis, historia de un amor de leyenda

Juliette Gréco y Miles Davis, historia de un amor de leyenda

«Fue probablemente la primera mujer a quien amé a un nivel de igualdad entre seres humanos», dijo el trompetista sobre su relación con la cantante francesa

No fue un flechazo, sino una detonación atómica; una fusión que podría haber alimentado todo el alumbrado de Montmartre pero que quedó en una las grandes historias de amor de la música popular. Ni más ni menos. En 1949, mientras preparaba su gran asalto al estrallato, Miles Davis viajó a París para tocar en el festival de jazz de la ciudad y, además de meterse en el bolsillo a todos los intelectuales franceses, entusiastas seguidores del bebop, se encontró con el que acabaría siendo el gran amor de su vida. Sí, Juliete Gréco. ¿Exagerado? Para nada.

El propio trompetista, poco dado al halago, se deshacía en elogios en su biografía hacia la cantante francesa, fallecida este miércoles a los 93 años. «Juliette fue probablemente la primera mujer a quien amé a un nivel de igualdad entre seres humanos», dejó escrito Davis en lo que, se supone, hay que interpretar como un cumplido. "Solíamos pasear juntos por las orillas del Sena, cogiéndonos y besándonos, mirándonos a los ojos... Era como cosa de magia, casi como si me hubieran hipnotizado», recordaba, ya algo más certero, el músico estadounidense.

Gréco, de 22 años y con su carrera como cantante aún por despegar, era ya una fuerza de la naturaleza; una joven bohemia que escapó de la guerra tras ser detenida a los 16 años por al Gestapo y que, cuenta la leyenda, enamoró a Miles y se enamoró de él en lo que duró una cena. Con los años, el nombre de Gréco aparecería relacionado a otros artistas e intelectuales como Jean-Paul Sartre, Jacques Prévert, Robert Doisneau o Henri Cartier-Bresson, pero fue Miles el gran amor de su vida. Y viceversa. Tanto es así que cuando al autor de «Kind Of Blue» le preguntaban por qué no se casaba con Juliette, él sabía siempre qué responder: la amaba demasiado como para hacerla infeliz.

Las drogas, el carácter tempestuoso de Davis y su fama de mujeriego (estaba ya casado cuando conció a Gréco) hicieron de la relación algo prácticamente imposible, pero durante años fue una presencia constante, un amor de leyenda capaz de inspirar un cómic como «Miles en París» y de llevar a Gréco a afirmar que, a pesar de todo (y con Davis siempre debía haber mucho de todo), lo suyo fue algo memorable. «Entre Miles y yo hubo una gran historia de amor, del tipo que te gustaría que todos experimentaran», dejó dicho la cantante.

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