Cultura

Especulaciones más allá del silencio, de José Iges

Especulaciones más allá del silencio, de José Iges

El arte sonoro tiene a un veterano en José Iges, cuya vinculación a lo visual queda arropada en una muestra en el C3A de Córdoba

Hay silencios elocuentes, mutismos inquietantes y rumores persistentes. Incluso recordamos aquel lapidario final del Tractatus, en el que se advierte que de lo que no se puede hablar es mejor guardar silencio. En realidad, el ruido del mundo que nos interesa no es lógico sino azaroso, inspirado por la mutación de la música que impulsó John Cage. Sabemos de sobra que el silencio no existe, entre otras cosas, porque, como ejemplifica José Iges (Madrid, 1951), puede haber 4´33” de sonidos residuales incluso en un disco de Bob Dylan.

En el C3A de Córdoba, un edificio delirante en lo que a condiciones museográficas se refiere, se ha montado una excelente revisión del trabajo visual de Iges, una de los creadores decisivos del arte sonoro. Tras haber dirigido durante tres décadas el programa Ars Sonora (1985-2008) y desplegado proyectos curatoriales excelentes, desde la muestra de la Fundación Juan MarchEscuchar con los ojos, hasta la reciente sobre el «giro notacional» en el MUSAC, Iges ha decidido comenzar a mostrar sus trabajos plásticos. Y el debut en la galería de Angus Freijo ya revelaba su peculiar ejercicio de la vídeo-performance, las intervenciones musicales, los rastros objetuales.

Un territorio transversal

Iges ha realizado durante años importantes instalaciones con Concha Jerez, haciendo en 2015 una exposición recopilatoria de las mismas -Media mutaciones- en Tabacalera. Alicia Murría, comisaria de esta, señala que este creador entiende el arte sonoro como «un territorio transversal». Ciertamente, sus obras son musicales, pero también performativas. En su imaginario hay una honda voluntad reflexiva sin dejar de lado la puesta en escena, un despliegue instalativo en el que son evidentes tanto la asunción de los planteamientos Fluxus cuanto la tonalidad conceptual.

Uno de los elementos vertebradores de esta cita son las «dedicatorias» que compuso entre 2013 y 2015, editadas por World Edition: piezas de un minuto, hallazgos sonoros en los que encuentro una especie de humor «infraleve». El día de la inauguración, Iges realizó una de sus present-acciones en las que retomó algunas de esas piezas mientras se reía de esa «pedagogía musical» que hace que los niños estén tocando la flauta hasta el infinito y más allá. En un vídeo vemos una acción que también re-materializó ante el público: como un funcionario desnortado por la hiper-burocratización, matasella compulsivamente portadas de periódicos con la palabra «ONE» para luego hacerse el canónico gorro de pico que, por un lado, rinde homenaje a Robert Filliou, al tiempo que recuerda la componente de absurdo que tiene todo arte que aspire a no ser mero cemento del neoliberalismo.

La instalación Fondo ilusorio de espejos (2019) es una magnífica síntesis de sus intereses estético-intelectuales: superficies especulares con textos grabados -de Byung-Chul Han, Kenneth Goldsmith o Rimbaud-, y sobre estanterías metálicas espejos y autorretratos. En sus vídeos, Iges aparece haciendo «equilibrismos» con libros como El agua y los sueños, de Bachelard, o La sociedad del espectáculo, de Guy Debord. Acaso no estemos ante otra cosa que una metamorfosis de la sentencia heracliteana sobre la imposibilidad de bañarnos dos veces en el mismo río, pero también un lúcido ejercicio de apropiacionismo, una suerte de materialización artística de aquel heterotópico mundo que Borges inventara en Tlön, Uqbar, Orbis Tertius.

Iges es, en todos los sentidos, un nómada, un mutante mediático, un compositor de singulares permutaciones sonoras, un artífice de aquello que resuena en el silencio.