Cultura

El triste final de la pionera Orquesta de Cadaqués: "No podemos continuar sin apenas subvención"

El triste final de la pionera Orquesta de Cadaqués:

Junto a la tumba Alfred Schnittke hay una piedra con un silencio tallado en fortississimo. Fue uno de los muchos compositores que reivindicó desde los atriles la Orquesta de Cadaqués, que ha tomado prestada la inscripción de su epitafio para anunciar un «periodo de descanso y reflexión» tras el concierto de despedida que dirigió el jueves Gianandrea Noseda en el Auditorio Nacional de Madrid. Se cerraron así 30 años de «una aventura algo temeraria», según recuerda su fundador, Llorenç Caballero. «España no tenía infraestructuras para conciertos de orquesta, lo que en la práctica nos obligaba a programar en salas de cine e iglesias».

El boom de los auditorios hizo posible que, en el transcurso de una década, la Orquesta de Cadaqués liderara la transición sinfónica con una plantilla de músicos jóvenes procedentes de la cantera de la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE). A aquella primera generación pertenecen solistas como Ludwig Müller, Santiago Juan, David Tomás, Luis González, Joan Enric Lluna y Jaime Martín, entonces flautista y hoy golden boy de la dirección orquestal.

«Desde el principio apostamos tanto por el talento joven como por la difusión del patrimonio español, pero sin olvidar las grandes obras del catálogo sinfónico», explica el promotor, que no podrá olvidar nunca el concierto de 1991 en el que Paco de Lucía tocó el Concierto de Aranjuez del maestro Rodrigo, que aún vivía.

Meses después, cuando las casas discográficas pagaban como nunca, la orquesta montó su propio sello (a mayor gloria de Arriaga, Granados, Fernando Sor...) y organizó la primera edición de su Concurso Internacional de Dirección, que en 1994 ganó Gianandrea Noseda. «Desde el instante en que se subió al podio para dirigir la Primera sinfonía de cámara de Schoenberg todos supimos que estaba llamado a marcar época».

Junto a él, ya en calidad de director titular, la orquesta estrenó obras de Montsalvatge, Rueda, Luis de Pablo y Joan Guinjoan. Sus conciertos llamaron la atención del maestro sir Neville Marriner, que apadrinó el proyecto junto a otros artistas, como Alicia de Larrocha, Victoria de los Ángeles y Teresa Berganza. «Cadaqués era una fiesta, una fiesta sinfónica que permitió que nuestros músicos desfilaran por la temporada de Ibermúsica junto a las mejores fábricas de sonidos del mundo».

La crisis del 2008 marcó un punto de inflexión. «No se trata tanto de un problema económico, que lo es, como de un cambio de mentalidad que nos ha obligado a replantearnos todo desde cero», sostiene Caballero. «En los últimos años, los cachés se han desplomado y hemos tenido que sobrevivir sin apenas subvención, dependiendo exclusivamente de los patrocinadores y la taquilla. Para que nuestro proyecto sea viable necesitamos más apoyo institucional, que permitan una desgravación fiscal de las aportaciones y unas fórmulas de contratación más flexibles que no precaricen a los músicos».

Caballero ha recibido cientos de mensajes de afecto estos días. «No me ha escrito el ministro de Cultura». Tras las últimas dos citas de su gira de despedida, en Zaragoza y en el Palau de la Música Catalana, Noseda dirigió en Madrid al conjunto por las páginas de la Missa Solemnis de Beethoven y el Concierto para clarinete de Mozart con Martin Fröst como solista. «Algo me dice que esto no es un adiós definitivo, sino un promisorio hasta luego».