Cultura

El réquiem de Leonard Cohen: la tenebrosa similitud a la obra de Mozart

El réquiem de Leonard Cohen: la tenebrosa similitud a la obra de Mozart

Esta misa de difuntos fue escrita por el novelista John MacKenna que, curiosamente, era agnóstico y pidió su permiso al músico canadiense, que era judío y budista

En 1791, un misterioso desconocido se presenta ante Mozart y le encarga la composición de una Misa de difuntos. El músico austriaco, obsesionado con la muerte desde que falleciera su padre, piensa que alguna entidad divina envía a aquel mensajero, a pesar de que después se supiera que era un allegado del conde Franz von Walsegg, que quería apropiarse de su obra. Aceptó el encargo, pero dejó inacabada su última obra maestra debido a la dura enfermedad que le aquejaba. El réquiem de su propia muerte no pudo ser terminado.

En 2016, sucedió algo terriblemente parecido. Al novelista irlandés John MacKenna (Castledermot, 1952) le sorprendía la muerte de manera asidua en su vecindario, así que decidió que, como escritor y compositor, tenía que aportar algo a la comunidad. Él, declarado agnóstico, decidió acudir a un sacerdote retirado, quien le instó a componer un réquiem. Así que John MacKenna se puso manos a la obra y se le ocurrió una maravillosa idea: proponerle una colaboración a su gran amigo, poeta y músico Leonard Cohen (1934-2016), a quien conocía por más de 30 años.

En mayo de 2016, el poeta le respondió en un correo electrónico: «Yo soy un budista judío; tú eres un cuáquero agnóstico. ¿Por dónde empezamos?». MacKenna comenzó a recopilar todas las letras y canciones de Cohen, pues quería montar la obra a través de sus piezas, «repletas de imaginería religiosa», tal y como recuerda ahora el escritor en un artículo. La correspondencia iba y venía entre ambos artistas, hasta que a mediados de octubre el escritor terminó la obra y avisó al canadiense, que ya estaba bastante enfermo.

El 23 de octubre, Cohen dio su aprobación para que MacKenna se sintiera «libre» para utilizar esta composición. Pero por desgracia para el convaleciente poeta, sus oídos no pudieron apreciar aquella última obra. La muerte le llegaría el 7 de noviembre y, sin saberlo, había autorizado la publicación de su propio réquiem, la premonición de un hombre que se sabía a punto de morir.

MacKenna dirigió el estreno del Requiem, titulado «Between your love and mine» en el VISUAL Gallery & Theatre Carlow (Irlanda), en un emotivo acto de despedida. Este supuso uno de los mayores homenajes a Leonard Cohen que, como Mozart había hecho más de 200 años antes, dejaba una obra maestra en homenaje a toda una vida dedicada al arte. El poeta había compuesto su propia Misa de difuntos.