Cultura

El Prado se hace feminista, 201 años después

El Prado se hace feminista, 201 años después

Superar 200 años para rejuvenecer, para no ser almacén de historia muerta. Así encara el 2020 el Museo del Prado, con dos exposiciones que sobresalen sobre las demás por su declaración de intenciones. Son Invitadas. Fragmentos sobre mujeres, ideología y artes plásticas en España (1833-1931) y Tornaviaje. Arte Iberoamericano de ida y vuelta, dos propuestas que buscan alejarse del discurso machista y eurocéntrico que ha abundado en la historia del arte hasta el momento. El propio Miguel Falomir lo subrayó en octubre en EL MUNDO: "El Museo ha sido machista, como la sociedad". Y ahora anuncia: nuevos tiempos, nuevo Prado. Pero sin perder de vista la colección permanente y el patrimonio artístico, que será de donde procedan las obras expuestas a partir de marzo y de noviembre, respectivamente.

La institución quiere seguir atrayendo público, después del récord de 3,2 millones de visitantes que dejó el bicentenario, y no pecar de "anacronismo", según explicó ayer el director del Museo en la presentación de la temporada. Hasta ahora, entre las más de 1.700 obras en exposición y de los casi 5.000 pintores del catálogo completo, sólo atesoran a 33 pintoras y cuelgan de sus muros nueve lienzos de Clara Peeters (1594-1621), de Sofonisba Anguissola (1535-1625), de Artemisia Gentileschi (1593-1654) y de Rosa Bonheur (1822-1899), además de una escultura de Cristina Iglesias (1956). Son las excepciones, dueñas del 0,53% de las paredes del museo, más allá de las que se elevan desnudas.

Con Invitadas, el Prado aspira a ir más allá de la visibilización de artistas borradas o diluidas a finales del siglo XIX y principios del XX. Eso ya lo inició en 2016 con la flamenca Clara Peeters y sus bodegones, el primer monográfico en la historia del museo que versó sobre una mujer artista, y lo continuó con la retrospectiva, aún en exhibición, sobre las renacentistas Sofonisba Anguissola y Lavinia Fontana.

Ahora, la pinacoteca mostrará no sólo obras olvidadas -"por desgracia son pocas, no había muchas pintoras"-, sino que abordará cómo la mujer ha sido supeditada y cuál es el ideal femenino que la mirada masculina ha impuesto a través del arte, "desde la madre abnegada a la más liberal castigada en esta vida o en la otra". Lo harán con más de 120 lienzos, esculturas, fotografías y una filmación de 1909, y reconociendo que "las perspectivas de género son más ambiciosas conceptualmente que la simple recuperación".

Y sin rebuscar en los márgenes, basta con la versión oficial... que habla por sí sola. Sucede también con Tornaviaje, el otro astro expositivo del año, que reunirá obras iberoamericanas conservadas en distintos puntos de la geografía nacional, no sólo en aquel Puerto de Indias sevillano. Falomir subrayó que "es difícil entender España desde el siglo XVI al XIX sin Latinoamérica", pues, de hecho, se movían más expresiones artísticas de la región austral que flamencas o italianas. "Hemos olvidado que formaban parte del paisaje habitual". Remienda así la ausencia histórica de la (considerada) periferia en el discurso de la institución, siempre concentrada en el arte europeo.

Aunque aún habrá que esperar para comprobar si el nuevo relato torna en hábito decolonial y feminista, en la senda de museos como el MoMA o el Orsay. La nave insignia neoyorquina cerró sus puertas el pasado verano para emprender una ampliación y remediar la infrarrepresentación histórica de ciertos artistas. Sorprendió en octubre con la colección Cisneros, que colocaba a latinos como Alejandro Otero, Wifredo Lam o Maria Martins a la altura de los otros grandes. También en verano reescribió el museo parisino los títulos que hedían racismo, como el Portrait d'une négresse, de Benoist, que se cambió por Portrait de Madeleine.

Otra primicia será la titulada Pasiones mitológicas, que reunirá las seis poesías del maestro veneciano Tiziano, pintadas como regalo para Felipe II y su deleite sensual. El conjunto, inspirado en las Metamorfosis de Ovidio, influyó en Rubens, Velázquez o Van Dyck y no se había expuesto junto desde el siglo XVII. Recrea mitos como el de Dánae o el conocido como Rapto de Europa. Otra conveniente ocasión para revisar el relato mitológico y, quizá, actualizar, aún más, este Prado 2.0.