Cultura

El Gran Poder: la replica del santo y seña del toreo sevillano que los Bienvenida donaron a Madrid

El Gran Poder: la replica del santo y seña del toreo sevillano que los Bienvenida donaron a Madrid

Este Jueves Santo la Plaza de San Lorenzo de Sevilla no se ha apagado de lleno para que los cirios del paso iluminen el rostro de Jesús del Gran Poder saliendo de su basílica. Los hermanos, que se cuentan por miles, recuerdan ahora las sensaciones de la estación de penitencia de años anteriores. Devotos anónimos ven reflejada en su cruz al hombro la crudeza de la realidad que están viviendo en esto días del Covid-19. La talla, creada por Juan de Mesa en 1620, forma parte de la iconografía de Sevilla.

El Cristo del Gran Poder siempre ha sido una referencia para el mundo del toro. Un ídolo al que pedir, al que agradecer, al que venerar. Su expresión, de sobriedad frente al sufrimiento, es inspiradora para los toreros y las personas de su entorno. Cuántas veces se han refugiado en ese gesto de dolor sin dejar de caminar hacia delante.

Precisamente este año, la Fundación Cajasol ha acogido la exposición titulada IV Centenario de Nuestro Padre Jesús del Gran Poder: Mesa te esculpió, Sevilla te hizo. La muestra recorría los cuatro siglos de historia recogiendo también la vinculación del mundo del toro con la Hermandad. Entre otros artículos estaban las 'Gabrielas', que son dos jarras de plata ofrenda de la señá Gabriela, la madre de Joselito, también los capotes de paseo de Armillita, de Morante de la Puebla y de Gonzalo Caballero y un vestido de luces de El Cid. Las imágenes del espacio destinado al toreo mostraban al Niño de la Palma y a Chicuelo bautizando a sus hijos. Son muchos los toreros vinculados a esta Hermandad como Manolo Vázquez (fue parte de su junta de gobierno), Rafael Ortega, Cagancho o el Calesero que fue un mexicano con alma de sevillano.

La exposición contaba con la famosa réplica del Gran Poder que desde mediados de los años 70 está ubicada en la capilla de la plaza de toros de Las Ventas. Se trata de una talla encargada por Manuel Mejías Rapela al escultor sevillano Rafael Lafarque. La trágica muerte de Rafaelito, el tercero de los hijos del Papa Negro en 1933, provocó una gran tristeza en su madre, Carmen Jiménez. Juntos deciden que lo mejor es poner tierra de por medio y trasladarse junto a los otros seis hijos a Madrid con la única condición impuesta por Carmen a su marido: una réplica del Gran Poder para poder rezar durante las largas tardes en las que toreaban sus hijos.

La casa de Príncipe de Vergara 3, General Mola después, se convirtió en una referencia para la afición de Madrid como fuente de torería. La capilla de la casa estaba presidida por 'El que todo lo puede', como se referían a él los Bienvenida. Cada tarde que toreaban en Las Ventas pasaban tanto para despedirse sin saber si iban a volver como para dar las gracias. Un ritual incondicional. Durante la corrida, Carmen rezaba con su hija Carmen Pilar y sus nueras María Luisa (mi abuela) o Concha (mujer de Juan). Toda la tarde esperando la mejor noticia: "Sin novedad". Los éxitos o los fracasos era lo que menos les importaba, esperando que superaran sin percance el juego constante con la muerte que es el toreo. Antonio Bienvenida también fue Hermano del Gran Poder siguiendo la devoción inculcada: "Mi padre nos enseñó el toreo y mi madre, la fe", aseguró públicamente.

Antes, al estallar la Guerra Civil, el Papa Negro protegió la escultura enterrándola en el patio donde solían torear de salón. Aquel jardín donde los niños aprendían todas las suertes del toreo. Permaneció tres años bajo tierra evitando que fuera profanada por los milicianos que en más de una ocasión saquearon la casa familiar. En 1976 la familia, con Ángel Luis Bienvenida a la cabeza, cedió la barroca copia del Nazareno a la capilla de la plaza de toros de Las Ventas que durante tantos años ha visto pasar a cientos de toreros pidiendo fortuna. En 2019 el Centro de Asuntos Taurinos de la Comunidad de Madrid decidió restaurarla a petición de la familia. El paso del tiempo había deteriorado la policromía de la madera -totalmente oscurecida-, el tejido textil de la túnica y algunos miembros como dedos o espinas de la corona que se habían despedazado. El trabajo de Marta, Helena y Leonor, las restauradoras, fue fantástico logrando un resultado magnífico.

En esta extraña Semana Santa, el Señor no ha podido pasear por las calles de Sevilla pero ha escuchado las plegarias de muchas personas que necesitan su amparo.