Cultura

El culebrón Bolaño salpica al mundo editorial

El culebrón Bolaño salpica al mundo editorial

Nuevo capítulo del culebrón judicial que enfrenta a la viuda de Roberto Bolaño (1953-2003), Carolina López, con el que fuera el círculo más cercano a Carmen Pérez de Vega, la pareja sentimental del autor de 2666 durante sus últimos seis años de vida. El demandado en esta ocasión era el editor y crítico literario Ignacio Echevarría, al que López (y sus dos hijos, Alexandra y Lautaro, que también firman la demanda) acusa de vulnerar su derecho al honor y la intimidad personal y familiar en dos artículos aparecidos en El Cultural y El País. López acusa a Echevarría de lucrarse a costa de Bolaño y le pide 150.000 euros. Tras tres horas de juicio celebrado ayer a puerta cerrada en la Ciutat de la Justícia de L'Hospitalet de Llobregat, el caso ha quedado visto para sentencia. La fiscal pidió al juez desestimar la demanda, como la defensa.

«Ha sido un proceso de demolición, punto por punto», explicaba un satisfecho Echevarría a la salida. «Parece que la razón se va a abrir paso. Ha ido todo lo bien que podía ir cuando te toca padecer y escuchar tal sarta de mentiras y de mala voluntad. El trago no ha sido nada agradable pero parece que las cosas se encaminan bien. Aunque no está ganado», añadía con prudencia. En sendos artículos, Echevarría explicaba que la decisión de López de cortar las relaciones con Anagrama -editorial de toda la vida del autor- no había sido una decisión estrictamente literaria, sino personal. «Ellos hablan de hechos falsos y aquí no hay hechos, hay opiniones», argumenta Javier Echevarría, abogado (y hermano) del acusado.

Jorge Herralde, fundador de Anagrama, quien tras 50 años de carrera y más de 4.000 títulos publicados asistía al primer juicio de su vida en calidad de editor, explicó que recibió dos visitas de la abogada de la viuda en las que se le sugirió que si quería conservar al autor de Llamadas telefónicas en su catálogo, «Carmen Pérez de Vega no existe». «Yo le dije que ni hablar, que era ridículo negar una cosa obvia y súper conocida y le envié una copia de mi respuesta a Carlo Feltrinelli para que supiera las consecuencias importantes que eso podría tener». «A la abogada le dije que formaba parte del grupo de gente que tenía la suerte o el infortunio de haber sido presentados por Bolaño a Carmen Pérez de Vega como su novia, que no hay que entenderlo en un sentido literal pero sí en un sentido emocional muy próximo». La consecuencia fue que López decidió romper con Anagrama y fichar por Alfaguara.

Para Herralde, «uno de los enormes enigmas de este show es afirmar que Ignacio se ha lucrado. Leyendo el extensísimo dosier, que por cierto necesitaba un editing vigoroso, son 400 páginas y podrían haberse quedado en 50, se aludía a mil euros que le ofreció la propia Carolina» tras la publicación de El secreto del mal. Según el abogado de Echevarría, su defendido «no está de acuerdo con que se publiquen obras inacabadas como si fueran obras terminadas. Él adquiere la responsabilidad, porque así se lo dijo Bolaño y se lo reconoció la propia viuda, de velar por su obra póstuma y se siente concernido», argumenta.

Lo cierto es que los dos testigos convocados por López lo hacían en una situación incómoda. El gran agente estadounidense Andrew Wylie, conocido como El Chacal, quien según los presentes se mostró «caballero y contenido», mantiene una «gran amistad, si es que eso es posible entre un agente y un editor», con Herralde. Representa a una docena de autores de su catálogo. Ayer, dadas las circunstancias, el saludo entre ambos fue discreto. Al parecer, Wylie argumentó que criticar a la viuda de un escritor por proteger su legado es sexista. Pilar Reyes, directora editorial de Penguin Random House (el actual sello de Bolaño) no acudió al juicio alegando un viaje. Para ella tampoco habría sido fácil testificar contra Echevarría, íntimo de Claudio López de Lamadrid, su antecesor en el cargo, hasta su muerte el pasado enero. Todo un enredo que también tuvo algo de humor, como cuando Carolina López fue confundida en varias ocasiones con «Carolina Herrera». Nadie es perfecto.