Cultura

Daniel Luque, serio lidiador en Dax

Daniel Luque, serio lidiador en Dax

El sevillano corta la única oreja en una noble corrida de Pedraza de Yeltes

En Dax, en la única corrida del Sudoeste francés, esta temporada, los toros de Pedraza de Yeltes, muy serios, son nobles pero algo sosos. Daniel Luque muestra su madurez con una gran faena, premiada con la única oreja. López Simón y Álvaro Lorenzo tienen una tarde gris, como el cielo. Una vez más, las faenas son demasiado largas, dos horas y tres cuartos; se escuchan seis avisos. Es un vicio que parece imposible de erradicar.

Antes de comenzar la corrida, vemos flamear una gran bandera española y suena nuestro Himno Nacional, seguido por «La Marsellesa». Es triste comprobar que aquí, en Las Landas, hay más respeto por nuestros símbolos que en algunas ciudades españolas.

En el día de San Vicente de Paúl, Dax vive una doble jornada taurina –novillada matinal, corrida vespertina– dedicada a la divisa de Pedraza de Yeltes. Le entrega la Medalla de Oro de la ciudad el alcalde, muy aplaudido por su defensa de la Fiesta: igualito que en Barcelona...

Volvemos a una corrida de toros clásica: seis toros, bien presentados, astifinos, con casta; un público respetuoso pero exigente, que pita si pican mal y si se recurre al efectismo encimista. ¡En qué pocas Plazas españolas vemos esto!

La tarde se centra en Daniel Luque. En el primero, muy reservón en banderillas, está muy firme, no le duda, manda con suavidad y mata con decisión. Una faena de mucho mérito, premiada con una oreja. Comparando con las orejitas que vemos cortar cada día, yo le hubiera dado las dos. Pero hace bien este público en exigir: eso da más valor al trofeo. En el cuarto, que no humilla, se luce en la lidia y el público sabe apreciarlo. Trastea muy fácil, a media altura, para no apretar al toro, llevándolo embebido en la muleta Mata de estocada al encuentro y, después, todavía torea por luquesinas. No redondea el triunfo pero deja un excelente sabor. Ha mejorado al matar pero ha de medir más las faenas.

En el segundo, López Simón alterna lo clásico con alardes innecesarios y enganchones: no conecta con el público. Tampoco lo logra en el quinto y su arrimón final suscita división.

En el tercero, bravo pero pegajosito, Álvaro Lorenzo realiza un trateo discreto. Lo mejor: la estocada. En el último, con querencia a toriles, la faena es afanosa, correcta, pero mata mal.

Ahora mismo, Daniel Luque lo ve muy claro, sabe lo que hay que hacer y lo hace. Por eso los aficionados queremos verlo.

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