Cultura

Cultura exigirá a la SGAE el «cumplimiento total y estricto» de la ley

Cultura exigirá a la SGAE el «cumplimiento total y estricto» de la ley

La asamblea votará los estatutos pero hay quien todavía impugna varios de sus artículos

Tras un año de profundas crisis solapadas, la SGAE celebra mañana una asamblea vital, dos veces aplazada, que debería desatascar algunos problemas de la entidad. Pero la aprobación de unos nuevos estatutos no se convertirá en la bala de plata que termine con el calvario de tensiones, vendettas y pugnas dentro de la institución.

Dentro de la SGAE contemplan con optimismo el horizonte de una Asamblea de socios en la que ya se atisba la posibilidad de que los estatutos sean aprobados por la mayoría cualificada que no pudo alcanzarse en anteriores convocatorias. Los estatutos son la primera y más grave exigencia del Ministerio para que la entidad adecue su normativa a la ley vigente.

Faltan medidas

Fuentes de Cultura recuerdan que su papel es velar por que las entidades garanticen la propiedad intelectual. «Ante dicha obligación no caben por tanto los cumplimientos parciales. El cumplimiento ha de ser total y -por consiguiente- estricto, si se prefiere llamarlo así. La SGAE tiene el próximo día 30 una oportunidad única para comenzar a revertir esta situación, aprobando unos Estatutos que se adecuen a la normativa española y comunitaria», añaden las fuentes del Ministerio.

Esa exigencia es la primera pero no la única. Se reprocha que no se ha llevado a cabo «la constitución de una Junta Directiva» en un proceso electoral «que garantice el respeto de todos los derechos reconocidos a sus miembros en la LPI» y la «revisión de los repartos de derechos correspondientes al ejercicio 2018» conforme a la ley. «Todas estas cuestiones llevaron al Ministerio a solicitar al juez la intervención de la entidad. A día de hoy, ningún paso se ha materializado para revertir tal situación», concluyen.

Muchos autores quisieron irse y no pudieron porque no hay alternativa. Ante eso, la SGAE saca pecho y lo vende como una victoria, pero lo cierto es que hay acusaciones de compra de voluntades con adelantos indebidos, o anticipos estratégicos para taponar la fuga de autores. «Hemos vuelto porque no había otra opción», dicen autores y editores consultados por ABC. «Pero nos iremos cuando la haya». Algunos, como Perales, Julio Iglesias o Manuel Alejandro, se han ido a entidades de Francia Estados Unidos o México con sus repertorios. Siguen denuncias de adelantos y cantidades enormes que recaudan los miembros con poder de «la rueda».

Desde Cisac, la asociación internacional de entidades, se expulsó a la SGAE y se pidió una hoja de ruta para asegurar la gestión transparente que no se ha cumplido. «Los estatutos no bastan. Deben cambiar muchas más cosas. En mayo será la asamblea en la que se cumple el año de expulsión temporal y se tomará una decisión definitiva. Para la cultura española sería una tragedia que la SGAE no vuelva a Cisac. La propiedad intelectual es sistémica y la crisis de SGAE afecta a todos», dicen fuentes de la gestión internacional de derechos de autor.

Hay autores que impugnan algunos artículos de los estatutos, desde la limitación del derecho de retirada de repertorio a la duración de 12 años de mandatos pasando por las elecciones parciales «para evitar la renovación total». «Actualmente, se defienden en la SGAE intereses que nada tienen que ver con la gestión colectiva y eso es terrible para los socios de la entidad», dice un autor, que no entiende cómo no ha habido una rebelión mayor ante la situación creada. La solución, tal vez, mañana en la asamblea de la SGAE.