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Cien Cavias

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Cien Cavias después, bien se puede decir que el mejor Periodismo español es el Cavia

Cien Cavias: de Dionisio Pérez, gastrónomo, bibliófilo y coleccionista de seudónimos, a Arturo Pérez-Reverte, el espejo en el camino de la andadura humana.

Mariano Francisco Cavia Lac (Cávia, firmábase él, por que nadie le dijera «señor Cavía», que, viniendo de Zaragoza, nada tenía «de conejo ni de Indias») da nombre al premio más prestigioso del periodismo español, que tuvo en el XX su Siglo de Oro.

–El idioma nacional es tan sagrado como la bandera —dijo un día Cavia.

En la capital cultiva todos los géneros. Cavia, lagartijista, es el primer Cañabate de la crónica taurina con el seudónimo de Sobaquillo, pero se consagra en el artículo de actualidad, una actualidad que, como oficio, había llegado a España tarde, a la zaga de Francia. En ABC apenas publica un par. Como articulista, alcanza su velocidad de crucero en El Sol de los Ortega, en cuyo primer número redacta el artículo anónimo que glosa el programa fundacional del diario. Al final, eterno descontento, muere paralítico, célibe y solo, despachando artículos («artículo que escribo, artículo que cobro, y entrada por salida»), con una frase en la boca que en España suena a editorial: «Yo jamás he percibido ninguna aldehala, sueldo o gratificación del Estado».

Entonces, para honrar su memoria (e incitar el arte de la crónica, en puro afán renovador del periodismo español), don Torcuato Luca de Tena, fundador de ABC, crea el Premio Mariano de Cavia, y Antonio Maura preside el primer jurado. Una década más tarde, y en memoria de don Torcuato, su hijo Juan Ignacio, mi abuelo, funda el Premio Luca de Tena para artículos anónimos, «para diferenciarlo del Cavia», algunas de cuyas cenas, por cierto, han de celebrarse, durante la dictadura, en el domicilio particular de Juan Ignacio, «para evitar exaltaciones monárquicas».

Cien Cavias después, bien se puede decir que el mejor Periodismo español es el Cavia.