Cultura

Carlos Pérez Siquier, vibrar con la imagen

Carlos Pérez Siquier, vibrar con la imagen

La Historia de la foto española no sería la misma sin su figura. Eso hace más acuciante la cita que le dedica Mapfre en Barcelona

Carlos Pérez Siquier (Almería, 1930) es uno de los referentes indiscutibles de la fotografía española que bien merece esta retrospectiva que la Fundación Mapfre de Barcelona le dedica. El viaje que nos plantean las salas de la Casa Garriga Nogués nos lleva a bucear por su cronología y producción, por su agudo sentido de la realidad en un momento de grandes cambios en la España de los años 60, que alcanza hasta la actualidad.

Un trayecto que pasa del neorrealismo de sus imágenes en blanco y negro hasta la provocativa visión en color del turismo global en los primeros años de apertura. Provocador, de contrastes llevados al extremo gracias a la película en color vibrante, abandonó con el tiempo todo ápice de realismo en pos de la abstracción de su mirada para acabar en una poética estética de atmósferas intocables. La renovación de la imagen española -y desde la fotografía española- no habría sido la misma sin su testimonio visual.

Lo más señero

La muestra se plantea en un lógico orden cronológico por sus reportajes más señalados, que abarcan de 1957 a 2018, incorporando algunas imágenes inéditas como las de su último episodio. Sin embargo, La Chanca y La playa son sus dos conjuntos protagonistas. Antagónicos, pero a su vez prueba de una autoría tan rotunda e incuestionable, dando paso a la abstracción en determinados momentos que se abocan en la introspección de sus últimas producciones.

Situado desde su nacimiento en la periferia, consiguió estar en el centro de los debates fotográficos como creador a contracorriente de su tiempo. Su reportaje La Chanca, realizado a partir de 1956 sobre un barrio periférico de Almería, descubre un juego de simbolismos y lecturas que hace de la suya una obra singular, de autoría inconfundible. Su idea de reflejar la dignidad de un barrio superviviente es revisada con los años desde el color, cambiando completamente de paradigma.

El primer turista que destaca en su obra es él mismo. como tal se presentaba en «La Chanca»

Las amplias panorámicas de Pérez Siquier atrapan al espectador haciéndole partícipe de un mundo casi onírico pero bello y real. El primer turista que destaca en su obra es él mismo, como hombre de clase acomodada que se sumerge en la realidad de ese barrio desfavorecido armado con su cámara. Con el color se alcanza la abstracción, centrándose en la arquitectura, que toma el control de la imagen para ofrecer una visión distinta del mismo entorno.

La ruptura definitiva la da la serie La playa, en la que documenta el cambio que supone a todos los niveles el turismo de masas en la costa Mediterránea. Se inicia como un estudio de la figura humana para ir situando el foco en el detalle, perdiéndose ya el entorno y creando otra abstracción, como hizo con la arquitectura. Un proceso similar pero de resultados tan novedosos como visionarios que llevan a reflexionar sobre el uso actual de la imagen del individuo, ahora que tanto se habla del bombardeo constante y el disparo indiscriminado, en apariencia inconsciente pero de cuidada formalización.

La muestra concluye con La Briseña, punto y seguido de su actividad actual, en la que se dedica a la poética visión de su entorno más cercano. Un cierre que invita a la introspección de un autor que ha vibrado con cada una de sus imágenes.