Cultura

Aquel 10 de julio de 2014: Avenero juega a los bolos en Santo Domingo

Aquel 10 de julio de 2014: Avenero juega a los bolos en Santo Domingo

10 de julio de 2014

  • Duración: 2:29
  • Ganadería: Garcigrande
  • Heridos: 2 corneados

Se llamaba Avenero. Pesaba 595 kilos y era uno de los seis toros elegidos por Garcigrande para su estreno en Pamplona. Palabras mayores. No se ha podido documentar que el tal Avenero tuviera alguna animadversión especial hacia los navarros. Tal vez le cobraron de más en un viaje previo a Pamplona, o quizá alguna vaca se la pegó con un recio toro de raza navarra. La cuestión es que nada más abandonar los corrales un 10 de julio de 2014 tenía claro cuáles eran sus objetivos. Apuntó y disparó con bastante tino.

No había transcurrido ni medio minuto de encierro cuando el garcigrande se echó a los lomos al primer corredor. Golpetazo, vuelta de campana y cornada en el muslo izquierdo. Desde ese momento, se lanzó a una carrera enrabietada, a un galope fenomenal, con el que fue barriendo la calle, literalmente. Seis segundos después fue a la acera izquierda y arrolló a tres corredores. Otro de ellos, tapado por sus compañeros, se encontró de repente con Avenero, quien lo empitonó de mala manera en plena carrera. Y no se detuvo ahí.

El resto de Santo Domingo se abrió un espacio de prudencia, de temor, de respeto, llamémoslo como queramos, entre el toro que abría el grupo y los corredores. Así lograron ponerse a salvo. Pero en la entrada a la plaza del Ayuntamiento, el morlaco miró a su derecha y vio presas junto al vallado. Lanzó un derrote seco y arrolló a otros tres mozos. Como si jugara a los bolos. 28 segundos de furia que se apaciguaron ahí, cuando ya en Mercaderes se hermanó con el resto de los de Garcigrande y cedió protagonismo. En total, cuatro heridos graves, dos con cornadas y otros dos por traumatismos. Realmente, el hecho de que todos fueran navarros no es casual, ya que estos primeros tramos son feudo de los corredores locales. Pero la verdad es que daba la sensación de que a Avenero le debían una.

Otro encierro a partir de Mercaderes

A partir de ahí, el encierro varió. No perdió violencia y velocidad, pero si turbulencias. A la salida de la curva de la Estafeta un grupillo se amontonó en la acera izquierda y sufrió los pisotones y golpes de la manada, conformada entonces por cinco toros y dos cabestros. Detrás, el último de los garcigrandes, descolgado con otros bueyes y con menos ansia por llegar al coso.

En la Estafeta se vieron algunas de las carreras más intensas de las últimas ediciones de los sanfermines. Qué maneras de luchar para buscar y encontrar toro. Qué maneras de aguantar el empuje del grupo y retirarse de las astas justo en el momento previo a la cogida o al arrollamiento puro.

Es lo más bonito de ver una configuración de manada así, con dos toros por delante y otros tres unos metros detrás, sin estar demasiado protegidos por los mansos. Hubo caídas duras en mitad de la calle, sí, y agarrones incluso entre buenos compañeros de carrera, pero con una relativa limpieza.

En la curva del vallado de Telefónica, el toro castaño se encontró con dos grupos de corredores, a los que se quitó de en medio con dos golpes de cabeza, sin llegar a dejar heridos.

Así entraron en la plaza, con una docena de segundos de ventaja sobre el garcigrande rezagado, sin intención de meterse en líos.

Uno de los corredores arrollado por el toro de Garcigrande.
Uno de los corredores arrollado por el toro de Garcigrande.AFP
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