Cultura

Amores del primer mundo

Amores del primer mundo

Las series viven su particular San Valentín. Dragones, zombis y policías, tan agotados como los médicos, dejan paso a los asuntos «menores» del corazón

Al contrario que las guerras, las historias de amor suelen estar escritas por los perdedores. Sirven para ajustar cuentas con nosotros mismos o con la realidad. Son una segunda (o enésima) oportunidad, encarnada por personajes a los que nunca lograremos imitar. Es casi imposible amar y ser amado sin contratiempos, pero, en la ficción, hasta las bofetadas quedan mejor.

Isabel Coixet está a punto de estrenar Foodie love en HBO, en Amazon la serie de moda es Modern love y en Movistar+ el romanticismo está bañado por el toque amargo de Vida perfecta. De Phoebe Waller-Bridge y su Fleabagya hablamos por aquí, con cierto entusiasmo.

«Modern love»

La génesis de esta serie es casi tan interesante como su desarrollo. La inspiración es una columna del New York Times, quince años tiene mi amor, que hace cuatro amplió sus horizontes en forma de podcast. Acaba de llegar como serie, de la mano de Amazon. El propio diario ejerce como productor. El asunto es tan delicado que las respuestas son muy dispares. O conecta o decepciona. Incluso sus capítulos despiertan reacciones opuestas.

Las plataformas son oscurantistas, pero la tienda más universal permite ver en su web los comentarios de los clientes. Al cierre de esta edición, más de 1.600 personas habían dado su veredicto. El 79% de ellos le dan cinco estrellas. Si fuera una aspiradora, lideraría las ventas.

Suele ser más gracioso leer las malas reseñas (algunos críticos explotan así su leyenda), pero rara vez aportan. Algunas cuestionan el censo de protagonistas, como si ocho episodios le sirvieran al CIS. Casi todos los protagonistas son de clase alta (dentro de un país rico) y mientras ellos son variaditos, ellas son todas blancas. Que todos los defectos sean así. A esta gente le horrorizaría Madame Bovary.

¿Por qué es la serie del momento? Una más, al menos. Además de indagar en un género tan delicado, cuenta historias que llegan al corazón. Habla de pequeños milagros que, sin embargo, la especie humana repite a diario. Modern love habla de amor y desamor, y del enemigo interior, que siempre es el peor. No ofrece nada extraordinario. No hay un muerto, ni escenas de sexo.

A cambio tenemos un vistoso reparto, diálogos inteligentes, toques de humor y protagonistas muy del primer mundo, como una chica bipolar y un joven con ataques de ansiedad. Entre las sorpresas para iniciados, destaca el capítulo que dirige Emmy Rossum (actriz de Shameless) con la joven estrella de Ozark, Julia Garner. Los episodios se pueden ver en cualquier orden, salvo el último, que está en su sitio. También se pueden atender sus moralejas o desdeñarlas por blanditas, excepto la conclusión final: si lo encuentras, no lo dejes escapar.

«Vida perfecta»

Es curioso que se impusiera este título, heredero del inglés, frente al original de Déjate llevar. También es llamativo el oscurecimiento paulatino de tonalidad a medida que pasan los capítulos, que al igual que los de Modern love se beben de un trago. La vida de Leticia Dolera y sus amigas (Celia Freijeiro y Aixa Villagrán), por supuesto imperfecta, se enturbia al tiempo que la vida se abre paso. De la comedia del amor al drama de sus consecuencias. Otro rasgo interesante de la serie de Movistar+ es que los capítulos mejoran cuando se ven por segunda vez. Es una oportunidad que pocos les darán, pero que demuestran que están más trabajados de lo que quizá aparentan, como las buenas improvisaciones.

Las protagonistas brillan, aunque alguna nos pueda parecer una marciana, aún más lejana que una señora mayor de Nueva York (de las que salen en la serie de al lado). Pero el nivel se dispara cuando aparece Enric Auquer, un actor superlativo dentro de un personaje fantástico, el más sano del reparto, quizá porque, como explica Manuel Burque, el otro creador, es el más consciente de sus limitaciones. Virtud infravalorada.