Cultura

Amanda Gorman, la voz joven más optimista de América

Amanda Gorman, la voz joven más optimista de América

«Amanda Gorman ya era una poeta joven muy conocida antes de la toma de posesión de Joe Biden. Protestataria, inconformista, musa mediática, sus poemas han ido y venido por las redes sociales como una voz llena de ese coraje realista que se espera de los nuevos tiempos»

Amanda Gorman ya era una poeta joven muy conocida antes de la toma de posesión de Joe Biden. Protestataria, inconformista, musa mediática, sus poemas han ido y venido por las redes sociales como una voz llena de ese coraje realista que se espera de los nuevos tiempos. Su fragilidad de chica de 23 años, que padeció problemas auditivos y una infancia y adolescencia marcadas por los déficits de la marginalidad, hicieron de sus versos un punto de encuentro, de fascinación y de reflexión sobre el mundo, sobre las circunstancias sociales e históricas del mundo. Cualquier poema suyo nace de la encrucijada racial y de género, como si ser de raza negra y mujer le bastara para echar por tierra los sofocantes y acartonados discursos de las academias y los programas de escritura.

Gorman está entre las que ya liquidaron el realismo sucio, el hermetismo, incluso las estéticas naturalistas simplemente desde un plató de televisión y una utopía bordada en la camiseta de las marchas multitudinarias. Abrió sus poemas a una conciencia moral, incluso política, a un activismo de nuevo cuño haciendo de la poesía ese arma cargada de futuro. Tal vez sea la voz joven más optimista de América, incluso cuando habla del derrumbe del Imperio, tal vez sea el síntoma de una nueva ilusión, es decir, de una nueva reinvención de una Norteamérica que pierde fuelle y mira al precipicio.

Como los beats, nunca desatiende su proyección social, aunque su poesía esté llena de cotidianidades y mensajes empáticos, aunque sea sencilla y atractiva como el anuncio publicitario del nuevo canon ideológico. En «The Hill We Climb» encontramos la reivindicación de una mirada femenina, el asedio al viejo y caduco mundo y el protagonismo de la sensibilidad por lo mestizo. Gorman sacrifica todo por conmover, por tocar el pálpito sensible del corazón de los lectores. Lo da todo por demostrar su alma de princesa de las nuevas ideas, una mercancía para el consumo de un país que necesita encontrarse. Como si cada poema suyo fuera un cartel, un graffiti o un twit donde puede leerse: «Se busca a América».

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