Cultura

«Adorno en Nápoles», los orígenes teóricos de la filosofía

«Adorno en Nápoles», los orígenes teóricos de la filosofía

Este año se cumple el 50 aniversario de la muerte de Adorno. Este ensayo recorre sus años en Nápoles junto a Benjamin, Kracauer...

En septiembre de 1925 (coincidiendo con la estancia de Colombine y Ramón Gómez de la Serna), Kracauer (un famoso periodista del Frankfurter) y Adorno (alumno de Schönberg), viajaron a Nápoles y visitaron Capri, Positano, Ravello, Herculano, Pompeya, Amalfi y Sorrento. Kracauer tenía 36 años y estaba enamorado, sin ser correspondido, de Adorno que tenía 22. En 1928, el autor de «Mínima moralia», regresaría a estos mismos espacios con su futura mujer, enviándole postales de recuerdo a su antiguo compañero con el que siempre mantuvo una amistad, incluso en sus exilios en EE.UU. Pocos meses antes, abril de 1924, Benjamin se había establecido en Capri para continuar escribiendo «El origen del drama barroco», su tesis. En esta isla, frecuentando el más famoso café, «El gato que maúlla como un violín», conocerá a la actriz bolchevique, Asja Lacis, que está allí para curar a su hija. Lacis había trabajado con Mayerhol. En la URSS había creado un teatro infantil de carácter proletario. Todos ellos «turistas» de lujo (en lo intelectual) estaban trasladando el viejo sueño romántico de encontrarse en el «paisaje intacto» de la Eneida.

Huir de los bolcheviques

No eran los primeros exiliados de la revolución industrial. Jóvenes ricos herederos, buscaban dar un nuevo sentido a sus vidas huyendo de las fábricas de sus padres que los seguían manteniendo. Huían del progreso técnico, de la catástrofe de la Gran Guerra, de la revolución bolchevique, es decir, de una crisis en la que se había perdido el sentido espiritual de la existencia.

En este territorio, amplio y exótico, se reunieron gentes venidas de Europa y América

En este territorio, amplio y exótico, se reunieron gentes venidas de Europa y América. Muchos vivían una vida ociosa y de culto a la naturaleza. Entre ellos también convivían intelectuales como los citados. Allí ya estaban personajes como Sohn-Rethel, Gilbert Clavel o Anton Dohrn. Alfred era pintor paisajista. De familia de pintores y grandes industriales, llegó al sur de Italia para hacer negocios que nunca hizo. Los Krup también dejarían su huella en Capri. Gilbert era rico de familia por la industria de la seda, parte de su fortuna la invirtió reconstruyendo una antigua torre vigía española en Positano. Murió con apenas 40 años después de la visita de Kracauer-Adorno. Artista plural había escrito un relato titulado «Una institución suicida». Dohrn, rico por la industria azucarera familiar, se propuso levantar una estación de biología marina. Y así fue. Este era el paisaje humano que se encontraron los cuatro. Benjaminy Adorno ya se habían conocido.

Kracauer era un gran lector de novelas policíacas y el único preocupado por la ascensión del nazismo. Benjamin arrastraba las seiscientas citas para su libro, esa evolución de la alegoría barroca hacia un mundo profano repleto de cosas vacías. Idea cercana a la de Lukács expresada en su «Teoría de la novela», un libro en el cual su autor todavía no está implicado en el marxismo, y donde muestra su malestar por un mundo moderno sin perspectiva trascendente. Adorno está tratando de comprender la atonalidad de Schönberg. Mientras que Sohn-Rethel y Asja Lacis reinterpretan a Marx. Curioso este libro de Mittelmeier. Un viaje exterior que nos conduce al interior de la teoría filosófica y literaria del siglo XX.