Cultura

¡Adiós, Madrid!

¡Adiós, Madrid!

La afición se despidió con nostalgia tras 34 tardes en un final teñido de sangre

«Adiós, Madrid, que te quedas sin gente», dijo un abonado que prometía volver el próximo domingo a la de Dolores Aguirre, pero sabía que el clavel y los llenos se habían acabado. San Isidro se cerró con el octavo cartel de «No hay billetes». Y fuera de abono, que se escribe pronto... Diego Sánchez de la Cruz, experto en matemáticas, ofreció la cifra exacta: 641.429 espectadores han pasado por Las Ventas en la «Champions» taurina. «A 18.865 personas cada tarde y un precio medio de 30 euros, hablaríamos de una taquilla de más de 19 millones», expuso el economista. Satisfecho se mostraba Rafael García Garrido, de Plaza 1: «Ha sido un éxito artístico y en asistencia». ¿Salen los números? «Sí, sí». A su lado, en el burladero de empresa, Victoria Prego, presidenta de la Asociación de la Prensa en la corrida de ídem. Muy cerca, Victorino Martín, alquimista del campo bravo, con Catalina Luca de Tena, presidenta-editora de ABC.

«Parece que fue ayer 14 de mayo», comentó un aficionado nostálgico. «Pues yo he llegado con la lengua asomando», replicó otro. En los corrillos que se forman en la bocana, la gente recordaba las grandes faenas de Roca Rey, la sorpresa de David de Miranda, la inpiración de Ferrera, el abandono de Ureña, la sinceridad de Román... Y muchos toros de distinto sello. Alguno hasta quería sacar a saludar a Simón Casas, inventor de un sorteo polémico, «por una feria de enormes emociones». Hasta una crítica voz que despotricaba en la presentacion de los carteles se rindió por las pasiones vividas: «Gracias, Simón, el bombo ha venido con un pan bajo el brazo». Ya se sabe: la vida da muchas vueltas y las vueltas, lema de Nautalia, «dan mucha vida». Tanta que más de un tapado ha dado un golpe en la mesa. «A ver si les dan oportunidades, que esto es un mercadeo», subrayó un profesional. «Para mercadeo, el de los políticos con nuestros votos», apostillaron en el callejón.

El filo de la navaja letal se ha rozado también en un ciclo tan triunfal como dramático. Pablo Aguado fue el último en engrosar el parte de guerra con una grave cornada de dos trayectorias. La revelación de Sevilla, un clásico para pintores, dibujó muletazos de vertical lentitud: «¡Torerazo!», exclamaban sus partidarios, que se preguntaban si podría estar el jueves en Granada en la feria de José Tomás. «Lo veo muy difícil», afirmó Máximo García-Padrós, el cirujano de la milagrosa bata blanca. A la ciudad de la Alhambra espera acudir Vicente Amigo: «Es el mesías de la guitarra, ya quisiera yo sus uñas», manifestó una señora del «9», donde el artista ocupó una contrabarrera para disfrutar de la pieza aguadista.

Cuando iba a salir el buen sexto, el herido era trasladado al hospital. Mientras, El Fandi entusiasmaba con capote y banderillas: «Es un maquinón», espetó Luis, un acomodador del «1». «Qué pena que el toro se apagase tras tanto trabajo en los otros tercios», añadió un colega. En medio, una ronca voz se alzó: «¡Gracias, ganadero!», gritaron a Santiago Domecq, que asistió emocionado a las ovaciones a varios ejemplares. Pero los toros, ya se sabe, no siempre tienen suerte. Si los bravos hablaran...